Como cánticos celestiales se desplegaron las voces en la introducción -Introito-Kyrie- del Réquiem de Verdi en su primera presentación (de tres) realizada anoche en la Casa de la Música.
El sonido de violines y violonchelos de la Sinfónica Juvenil se apagó dejando solo las voces que evocaban, en medio de susurros, el descanso eterno.
El público expectante, en silencio, esperó el despliegue de los clamores y oraciones de un coro compuesto por 120 jóvenes, del Conservatorio Superior de Música y de la Universidad Católica, quienes crearon una atmósfera sacra.
Enseguida, la voz del tenor y el bajo se robaron la atención de los presentes: Señor, ten piedad, repetían una y otra vez, en latín, mientras los violines clamaban melodías tristes.
Oh día de ira, día de juicio, aquel en el que el mundo se disolverá, rezaba el coro con gran fuerza, y esta vez con toda la Sinfónica en escena.
Enseguida, las trompetas matizaron el ambiente con cantos épicos. La trompeta, al esparcir su atronador sonido por la región de los sepulcros, reunirá a todos ante el trono, escribió Giuseppe Verdi en esta misa en honor a sus compatriotas Rossini y Manzoni.
Una fiesta armónica se produjo mientras las voces se comunicaban con los instrumentos al mando del maestro Patricio Aizaga, quien con gran energía dirigió una hora y media de Réquiem.
Con siete cánticos, Verdi graficó el día del juicio final, en el que aparecen figuras religiosas dibujadas con los tonos altos y bajos interpretados por la soprano y la mezzoprano, que más tarde acompañaron al tenor y al bajo.
En el tercer momento de la obra -Offertorium- , el público pareció ser parte de la obra. Varios de los asistentes siguieron en voz baja partes de la escritura grabada en los programas de mano.
Súplicas y alabanzas fueron dramatizadas por los solistas, quienes asombraron a los asistentes al ejecutar el tercer movimiento con gran técnica vocal y dicción en cada verso.
Sanctus, Agnus Dei y Lux Aeterna son las piezas que preceden al gran final -El Libera me-, en el que coro y soprano suplicaron por el descanso eterno. Líbrame Señor de la muerte eterna en ese día terrible cuando se muevan los cielos y la tierra, gimió el coro, mientras Cristina Park -soprano- se despidió repitiendo Réquiem aeternam, réquiem aeternam, en un final electrizante del primer día de presentación. (DS)
Opiniones del público
Obra muy potente
"Es una obra muy potente y la cantidad de músicos que había en escena le daba aun más fuerza; además, cuando los ves en escena es mucho más impresionante que solo escucharlos en un CD. El segundo movimiento de la obra me impresionó por su fuerza. Me encanta la música clásica, no había escuchado nunca esta obra en vivo. La Orquesta Sinfónica, excelente; la soprano y el tenor, impresionantes".
Fidel Jaramillo, estudiante
Pieza grandiosa
"La obra me pareció grandiosa, muy bien interpretada, les felicito. Los jóvenes del coro y la Orquesta Sinfónica Juvenil pueden presentarse en cualquier parte del mundo. La V parte de la obra, "Agnus Dei", fue hermosa. El despliegue musical de la parte más sonora me pareció espectacular y las voces de las solistas, de la soprano. La apariencia, la mirada, la voz del bajo, impresionantes".
Estela Pinto de Paget
Hora GMT: 28/Noviembre/2007 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito
