Por Jaime Izurieta Varea
El próximo alcalde de Quito
se llama Rafael Correa. La perspectiva de que un candidato de Alianza País sea electo en su bastión electoral no es muy lejana. Y, para el sinnúmero de precandidatos que suenan dentro del partido de Gobierno -unos con más y otros con menos capacidad y conocimiento del manejo de la ciudad- la idea de ocupar la Alcaldía, aún bajo dependencia directa de la Presidencia de la República no debe sonar tan mal.
Pero manejar una ciudad como Quito no es fácil. Por su fragmentación, las necesidades de cada uno de los sectores son radicalmente distintas, y no existe un sistema adecuado de descentralización al interior del Municipio que permita resolverlas. No ha habido creatividad en la administración y, debido a obstáculos más ideológicos que técnicos, no ha existido una apertura a profundizar la asociación con el sector privado. Por otro lado, los grandes proyectos que sí se han hecho no son reconocidos: la ciudadanía se enfoca en aquellos que no se han realizado.
No podemos olvidar, tampoco, el deporte nacional de esconder la basura bajo la alfombra. Grandes temas, como vialidad y transporte, contaminación, inseguridad y crecimiento desmedido son manejados de manera política y muy poco técnica. De continuar esta tendencia en una administración de Alianza País, Quito puede explotarle en la cara a la Revolución Ciudadana.
El próximo alcalde, además de no tener miedo a intervenciones urbanas que suponen gran riesgo político, debe poseer el liderazgo necesario para encontrar las mejores soluciones, por encima de la ideología. El riesgo de escoger un candidato subordinado, que le permita al presidente ocupar la Alcaldía de Quito y profundizar su modelo de Revolución Ciudadana, radica en que los grandes problemas urbanos no se resuelven con una buena estrategia de comunicación política, sino con un alcalde ejecutor, con propuestas tangibles. Por cierto, estas existen por igual a ambos lados de la línea divisoria entre "ciudadanos" y "pelucones". Las soluciones se encuentran en el ámbito de la práctica. No son ideológicas ni responden a condicionamientos políticos ni a formas distintas de ver la administración pública. Simplemente, unas funcionan y otras no.
La capacidad presidencial de dejar de lado el dogma y la consigna, y proponer un candidato que no les tenga miedo a las intervenciones drásticas, de alto riesgo político ni a las formas modernas de administración urbana, que involucran indistintamente al sector público y privado, será clave para que Quito pueda desarrollarse con seguridad y proyectarse hacia el futuro.
Será clave, también, para que finalmente Alianza País demuestre su capacidad de liderazgo y gobierno, en un entorno real como es la administración metropolitana de Quito, en ámbitos como vialidad, seguridad ciudadana y contaminación, alrededor de los cuales no sirve el bombardeo comunicacional sino las soluciones que el ciudadano de a pie pueda palpar.
analisis@hoy.com.ec






30/Octubre/2008 a las 09:37
Tradicionalmente la ciudadanía quiteña ha dejado de lado la línea ideológica política en cuanto a elección de alcalde se refiere; de ahí que, con muy pocas excepciones, podemos afirmar categóricamente que hemos tenido buenos alcaldes. Ojalá dejemos de lado a "viejos politiqueros" que por años están luchando por ser alcaldes, prefectos, o por lo menos, concejales o consejeros.
30/Octubre/2008 a las 10:43
Tradicionalmente la ciudadanía quiteña ha dejado de lado la línea ideológica política en cuanto a elección de alcalde se refiere; de ahí que, con muy pocas excepciones, podemos afirmar categóricamente que hemos tenido buenos alcaldes. Ojalá dejemos de lado a "viejos politiqueros" que por años están luchando por ser alcaldes, prefectos, o por lo menos, concejales o consejeros.
30/Octubre/2008 a las 17:29
Tradicionalmente la ciudadanía quiteña ha dejado de lado la línea ideológica política en cuanto a elección de alcalde se refiere; de ahí que, con muy pocas excepciones, podemos afirmar categóricamente que hemos tenido buenos alcaldes. Ojalá dejemos de lado a "viejos politiqueros" que por años están luchando por ser alcaldes, prefectos, o por lo menos, concejales o consejeros.
30/Enero/2009 a las 16:24
Tradicionalmente la ciudadanía quiteña ha dejado de lado la línea ideológica política en cuanto a elección de alcalde se refiere; de ahí que, con muy pocas excepciones, podemos afirmar categóricamente que hemos tenido buenos alcaldes. Ojalá dejemos de lado a "viejos politiqueros" que por años están luchando por ser alcaldes, prefectos, o por lo menos, concejales o consejeros.
23/Marzo/2009 a las 12:49
Tradicionalmente la ciudadanía quiteña ha dejado de lado la línea ideológica política en cuanto a elección de alcalde se refiere; de ahí que, con muy pocas excepciones, podemos afirmar categóricamente que hemos tenido buenos alcaldes. Ojalá dejemos de lado a "viejos politiqueros" que por años están luchando por ser alcaldes, prefectos, o por lo menos, concejales o consejeros.