Por Claudio Mena Villamar
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El anhelo de transformación de la larga noche colonial (esta sí, muy larga) se había discutido desde la época de Eugenio de Santa Cruz y Espejo, quien a su muerte en el año 1791 confió esta tarea al abogado antioqueño radicado en Quito Juan de Dios Morales. Este plan transformador era visto como necesario especialmente por un pequeño grupo de letrados para los que el régimen colonial había caído en plena decadencia, caracterizada por diversos factores entre los que constaba la permanencia de un régimen integrado por autoridades venales que medraban para sacar provecho propio y un poder eclesiástico corrupto, como describió el arzobispo González Suárez. Para los indios y la clase baja que se llamaba "el populacho", o sea, la gente ignorante y de clase muy baja, el proyecto reformador no tenía mayor significación.
José G. Navarro escribe que, en ese tiempo, Vicente Rocafuerte y Juan de Dios Morales habían discutido largamente la cuestión de la independencia de América. Al respecto, escribe: "Y convenimos en los medios de llevarla a cabo y obtener el mejor resultado. Yo era del sentir que esperáramos a formar y extender la opinión de sociedades secretas y de extenderla al Perú y a la Nueva Granada, para apoyarla en tan poderosos auxiliares. Él quiso lo contrario y que en el acto mismo se diese el grito de la independencia...".
Rocafuerte, a la sazón, era alcalde ordinario de Guayaquil, y para quien sería presidente de la República, en ese momento era necesaria la acción de las sociedades secretas, o sea, la masonería, a fin de que el movimiento tomase mayor fuerza y respaldo. Rocafuerte, además había aconsejado a Morales que todavía no era el momento de romper los lazos con la monarquía española y que primero había que educar al pueblo antes del golpe subversivo
Después de la muerte del presidente de la Audiencia, Carondelet, en cuyo Gobierno Morales había desempeñado el cargo de abogado, perdió el puesto y fue perseguido por el encargado de la Presidencia, coronel Nieto, cuya pretensión era ocupar el puesto vacante de la Audiencia. El asunto fue serio, al punto que la viuda de Carondelet pidió a Rocafuerte que ocultase a Morales en Guayaquil. Su indignación era muy grande y estaba claro que Morales no iba a esperar el plazo que Rocafuerte aconsejaba para producir el golpe. En 1808, la invasión de las fuerzas napoleónicas a España, la prisión del rey Fernando VII y el inicio del levantamiento español, era la coyuntura favorable para dar el golpe en la Real Audiencia quiteña.
La situación de una España sin rey (Napoleón lo tenía secuestrado en Francia) era la oportunidad para dar el golpe, en forma similar a lo hecho por los españoles al crear juntas de gobierno para luchar contra la invasión de los ejércitos franceses.
El golpe ocurrido en la noche del 10 de agosto, con el que se depuso al presidente Ruiz de Castilla, constituyó el primer Gobierno propio en Latinoamérica. Este es el valor histórico de esta fecha. No se puede hablar de independencia todavía porque luego de un mes se repuso a casi todas las autoridades que habían sido derrocadas.
Hora GMT: 08/Mayo/2009 - 05:08
