Por Felipe Burbano de Lara
Entre las novedades que ofrecerá este año 2009 estará la de ver en acción a un presidente candidato. A Rafael Correa le tocará jugar un doble rol, inédito en la política ecuatoriana reciente: la de ser al mismo tiempo presidente de la República y candidato a la reelección presidencial. Pero tendrá que jugar este doble papel en un escenario incómodo, nuevo: el de la crisis económica. El panorama no puede ser más confuso y enredado: ¿podrá un aspirante a la reelección presidencial manejar con seriedad la economía en tiempos de crisis? ¿Un manejo responsable de la crisis económica es compatible con el rol de candidato presidencial? ¿Cuál de las dos lógicas se impondrá: la del candidato, con promesas por cumplir y nuevas ofertas que hacer a los votantes; o la de los tiempos difíciles, austeros, duros, que él mismo anticipó?
A Rafael Correa todo le ha funcionado bien durante dos años: ha sido el presidente de la abundancia, se ha enfrentado a una oposición escuálida, su proclama de una revolución ciudadana ha sido extremadamente seductora, y ha impuesto sin mayor problema un estilo de liderazgo y autoridad por encima de todo marco institucional y legal. Pero ese panorama idílico de pronto cambió por la crisis. Y lo hizo en un momento en que el país está a punto de abrir la campaña electoral más grande -por el número de funcionarios que vamos a designar- de los últimos 30 años. ¿Cómo manejará Correa los tiempos en el nuevo contexto? ¿Cómo orientará las decisiones?
En primer lugar, va a diferir, con toda seguridad, cualquier acción que suponga algún ajuste para contrarrestar la crisis fiscal. Pero todo retraso de acciones jugará en contra suyo: diferir el ajuste solo dejará los problemas para más tarde y agravados. Una segunda interrogante: ¿cómo enfrentará en la campaña las obras iniciadas, prometidas, y que por la crisis empiezan a tener dificultades de ejecución? Una alternativa será la lógica del candidato: mantener el gasto hasta ganar la elección y recién entonces ver qué se hace. Pero puede ser que el manejo fiscal no le dé esa opción y se vea obligado a suspender o detener obras con el consiguiente costo político por el malestar de los beneficiarios. (Un buen ejemplo es el puente Bahía-San Vicente, apenas iniciado en su construcción, y convertido en el sueño de los habitantes de las dos ciudades manabitas). Una tercera opción es utilizar la crisis como parte de la campaña con acciones espectaculares en contra de los ricos y poderosos, para mostrar al pueblo que a pesar de las dificultades la revolución sigue su marcha. Este ha sido, por lo demás, el estilo preferido del presidente: hemos visto una serie interminable de acciones (el golpe a los Isaías, la expulsión de Odebrecht, los castigos y amenazas a los bancos, la suspensión del pago de la deuda, el impuesto a la salida de capitales) encaminadas a golpear a quienes Correa considera enemigos de la revolución. En cada uno de esos golpes ha recreado su popularidad y credibilidad.
No parecen compatibles los roles de presidente y de candidato en tiempos de crisis. Me imagino un escenario casi esquizofrénico de una fiesta interminable -hasta la victoria siempre compañeros- con un presidente candidato mareado y enredado en todos sus roles.
fburbano@hoy.com.ec
Hora GMT: 06/Enero/2009 - 05:10

06/Enero/2009 a las 17:50
creo que esta bien que el candidato presidencial siga siendo presidente, las obras de correa estan a la vista, transformacion a la vialidad, arreglos de puentes en quininde y la provincia de esmeraldas lo apoyamos por las obras que en otros gobiernos nunca llegaron, asi que dejemos trabajar al presidente, y si el puento se paraliza sera hasta que haya los recursos, el de esmeraldas sigue en costruccion.