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El periodista Fritz Gerlich

Publicado el 30/Diciembre/2008 | 00:08

Por Ricardo Noboa B.


En 1933, Alemania fue sacudida por la llegada al poder de un hombre joven. Carismático, de respuesta fácil y contundente, gran orador, llegó al poder en un momento en el cual Alemania quería olvidarse del pasado, de todos aquellos que la habían sumido en el caos y la pobreza. Al principio, nadie se preocupó mayormente de él ni de su plan de Gobierno. La nación estaba encantada con su estilo. Pocos fueron los que advirtieron en el proyecto de tirano en el cual después se convirtió. Uno de ellos fue Fritz Gerlich. Periodista perceptivo, Gerlich empezó a interesarse en Hitler desde que hacía sus concentraciones en una cervecería de Múnich y le dijo a su editor: "Hay que denunciar lo que este hombre piensa hacer con Alemania o después será muy tarde".

El editor no le hizo caso. Más aun, pensó que le traería problemas con el nuevo Gobierno y lo despidió. Después de la llegada al poder de Hitler, Gerlich fue apaleado y arrestado por las SA, los garroteros del Régimen, y enviado a Dachau. Ahí lo asesinaron, paradójicamente el mismo día en que Hitler se deshizo de las SA porque ya no le convenían, en la famosa "noche de los cuchillos largos".

Gerlich fue un periodista valiente que habló a tiempo pero pocos lo escucharon. Quizás fue el inspirador del pastor Martin Niemoller, autor del célebre "primero vinieron por los socialistas, pero yo no protesté porque no era socialista", concluyendo con un: "Y al final vinieron por mí y nadie protestó porque no quedaba nadie que proteste por mí".

Similar conducta a la de Hitler tuvieron Stalin, Trujillo o Ceaucescu. Y alguno que otro déspota caribeño más contemporáneo. Hay fascistas de derecha o izquierda. No los caracteriza la ideología sino la actitud. Y la actitud fascistoide se demuestra en la intolerancia y el autoritarismo, en la utilización del poder para amedrentar. Claro que es difícil que hoy en día se den los autócratas de mediados del siglo XX. Ya no hay gulags, pero las tiranías modernas usan las instituciones para callar al adversario. Usan la justicia para perseguir; los sistemas de rentas, para desprestigiar; el Ministerio Público, para amedrentar, y a la Policía, para reprimir. Y, al mejor estilo del ministro de propaganda de Hitler, utilizan los espacios en los medios para repetir 100 veces una mentira hasta que se la crea. Hoy, los Goebbels modernos cuentan con la televisión para manipular conciencias y alterar imágenes para desfigurar la verdad. Y convierten al agredido en agresor y al apaleado en conspirador.

Y si no existe el equilibrio de poderes, la democracia en el mundo va siendo presa fácil de los fascistas, ahora del siglo XXI.

A propósito, a Sofia Gerlich, esposa de Fritz, le enviaron sus lentes ensangrentados como recuerdo. Y Alemania terminó muy mal.

analisis@hoy.com.ec

Hora GMT: 30/Diciembre/2008 - 05:08

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