Análisis de diario HOY
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El inicio de un nuevo mandato del presidente de la República, Rafael Correa, abre la oportunidad para volver a una política de mayor respeto a las instituciones y de mayor tolerancia a los desacuerdos. El país ha vivido dos años inmerso en un proceso de cambio bajo la promesa de refundar la nación. Han sido dos años intensos, sin descanso, conducidos por la tenacidad de Correa y por su convencimiento de que ha llegado el momento de un cambio rápido, profundo y radical.Como parte de ese proceso, el país vivió la Asamblea Constituyente de Montecristi, de donde salió una Constitución que introdujo cambios muy significativos, algunos de ellos incluso poco procesados, a todo el ordenamiento político del Estado. Introdujo nuevos derechos, amplió a cinco los poderes del Estado, redefinió el modelo económico, cambió el modelo democrático, todo con el propósito de encaminar al país por nuevos rumbos.
Los triunfos de Alianza País en todos los eventos electorales convocados en los últimos dos años han ratificado el apoyo de la mayoría de los ecuatorianos al proyecto planteado por Correa. Han sido triunfos claros, como no se habían visto antes en estos 30 años de experiencia democrática. Todos esos triunfos provocaron la caída de los partidos tradicionales -la mal llamada partidocracia- y el ascenso vertiginoso de un nuevo movimiento -Alianza País- que ha mostrado hasta ahora una sorprendente capacidad de dominio político en todo el ámbito nacional. El Ecuador no había tenido una fuerza política similar en los últimos años ni quizá en su historia.
El inicio de un nuevo mandato tiene que ser un momento de renovación de la legitimidad democrática del Gobierno y del propio sistema político. Nadie duda de la legitimidad de Correa. Pero, ahora, de lo que se trata es de dar legitimidad al nuevo sistema político diseñado en Montecristi, afirmar en la práctica cotidiana, con hechos claros, sus innovaciones, su diseño, sus instituciones, sus objetivos, sus marcos de convivencia.
La legitimación del nuevo sistema demanda un comportamiento político tolerante y pluralista, respetuoso de los distintos poderes y de los distintos actores. Este es el reto más grande de Correa y el enorme desafío del país.
Encaminar al Ecuador por un nuevo sendero es un compromiso de todos, pero requiere, sobre todo, de un liderazgo que se asiente en las instituciones y en el reconocimiento de la voluntad de cambio que motiva a la mayoría de los ecuatorianos. El gran desafío es un cambio incluyente, democrático, con el concurso ciudadano.
Hora GMT: 10/Agosto/2009 - 05:11











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10/Agosto/2009 a las 09:37
Me uno a vuestro Análisis, en realidad esa debe ser la forma de explicar y hacer eco de nuestra realidad, hagamos todos ese gran compromiso de colaborar y contribuir a esa nueva creación de un Ecuador Nuevo, es oportuno en un día como hoy de celebraciones hacer votos y desearle los mejores éxitos a nuestro presidente que su nuevo periodo se convierta en capacidad, bondad, entusiasmo, dedicación, cumpliendo los anhelos del pueblo, pero lógicamente dependerá de todos nosotros en cumplir y hacer cumplir las leyes, formar parte de los cambios, creciendo juntos, todo esfuerzo se convierte en un triunfo.
Aprovecho la oportunidad para enviar un saludo a todos mis compatriotas en esta gran fecha de nuestro Bicentenario, expresar a todas las autoridades que su labor sea cívica y muy honesta, el cambio es necesario necesitamos tener una Nueva Patria.
Arq. Rodrigo Guaman
Connecticut EEUU.