Por Claudio Mena Villamar
cmena@hoy.com.ec
El narcotráfico y la guerrilla de las FARC son hermanos siameses. Ahora tanto el uno como la otra, nos traen novedades que sirven para colocarnos en el mundo real. Este país, dotado, a Dios gracias, de gente pacífica, empieza a entrar de golpe en el ojo del huracán cuando llega a Angostura el comandante Reyes, amo de las FARC, y decide invitar a compañeros de la causa a unas charlas campestres. La cita fue preparada en Quito, a donde llegaron gente de rompe y rasga de varios países amigos, para unas jornadas de lucha y de proselitismo bolivariano en una apartada región amazónica donde termina el territorio de esta mitad del mundo. Nunca ignoramos que la guerrilla necesita subsistir y que, por tanto, requiere que se la dote del carburante necesario para su marcha. El carburante no es otro que el narcotráfico que parte de la planta de coca, luego la cocaína y el broche de todo que es el lavado de dólares y a veces el dolor (recordemos a Jardiel Poncela: "Un infinito dolor rodando en el asfalto entre un Chevrolet y un Ford").
Pues bien, los viajes del compañero Nacho Chauvin para mantener sus siete entrevistas con el comandante Reyes (quizá demasiadas para liberar a Ingrid) fielmente declaradas por él y que se realizaron felizmente antes del bombardeo del campamento en Angostura, no puede distraer a nuestra inteligencia militar (cuya agudeza tiene bemoles) ni a los señores fiscales y jueces en la investigación a fondo de otras aventuras huracanadas que llevan los nombres de "Huracán Verde" y "Huracán de Frontera", ejecutadas en octubre de 2007 y septiembre del año pasado. En estas operaciones se incautó en total, cerca de 8 toneladas de coca cuyo precio alcanza la linda cifra de $400 millones. En estas aventuras aparecieron los hermanos Ostaiza a quienes puso el ojo la inteligencia militar y luego les llevó tras rejas, pero solo a dos de ellos, pues Jefferson debe andar por los tejados. Nos imaginamos también que la misma inteligencia andará buscando al cerebro comercial, el señor Oliver Solarte, cuyo nombre aparece en varios operativos antidrogas desde 2005, pues se trata de un veterano en el negocio.
Hay otra pieza en esta serie de aventuras ligadas entre sí, que nos envían a nuestra aviación civil. Se trata del avión Grumman tipo GKF2 que llegó a Quito el 7 de octubre de 2007 y se parqueó en la base de la FAE durante 13 días, para luego partir hacia el aeropuerto de Tachina el 20 de octubre de 2007 y después, tranquilamente volar a las playas de Acapulco, con unos $10 millones que se dice fueron para sobornos y que seguramente estaban representados en mercadería (léase droga).
La Inteligencia que no es militar, sino de HOY, o sea verídica, captó informes de que este vuelo del avión estuvo vinculado al rubro de negocios de los hermanos Otaiza. El director de la DAC, según investigación del colega El Comercio, sabe que Milton Martínez, a la sazón Subsecretario de Aviación Civil, autorizó el despegue desde Tachina. ¿Estaremos alejados del narcotráfico, como dijo el presidente?
Hora GMT: 20/Febrero/2009 - 05:08

20/Febrero/2009 a las 10:12
MUY SABIAS Y OBJETIVAS SUS APRECIACIONES SENOR MENA , SOLAMENTE DESEO ANADIR QUE , DE EXISTIR UNA VERDADERA DEMOCRACIA Y APERTURA DE LA INFORMACION DE "SEGURIDAD NACIONAL " , ESTOY SEGURO QUE SE ENCONTRARIAN MUCHAS MAYORES FECHORIAS EN ESTE CASO QUE YA TANTOS INDICIOS HAN SIDO DETERMINADOS POR LA PRENSA Y OPINION PUBLICA INDEPENDIENTE , COMO PARA APLICAR LA JUSTICIA , SINO SE DESEA QUE QUEDE EN LA IMPUNIDAD DE SIEMPRE : CRNL. ERNESTO CHECA