Por Juan Jacobo Velasco
Especial para HOY, desde Chile
El Gobierno de Sebastián Piñera tendrá la tarea de reconstruir Chile, con daños valorados en $30 000 millones
Más que anecdótico, el temblor cercano a los 7 grados de la escala Richter (la intensidad del terremoto en Haití) que movió al Congreso chileno durante el cambio de mando, fue un recordatorio y un mensaje: el efecto devastador del terremoto del 27 de febrero sigue incrementándose por la vía de las réplicas. Se necesita una acción urgente y coordinada para la reconstrucción y, como nunca, una postura en la que prime el interés nacional por sobre el de los partidos. En ese evento y su significado, se resume la misión del nuevo presidente, Sebastián Piñera.
El terremoto implicó un reordenamiento de la agenda pública y de la política chilena. Curiosamente, previo a la catástrofe, Piñera había anunciado su interés por crear un Gobierno de unidad, en el que participaran miembros de la oposición. El nuevo presidente sabe que el aprender a ser Gobierno, luego de 20 años de la Concertación, será un ejercicio más que tortuoso que podía facilitarse con la presencia de experimentados personeros concertacionistas. Esa postura fue rechazada de plano por los partidos de centroizquierda, que bogaron por un anticolaboracionismo a rajatabla con la apuesta de una muy posible vuelta al poder en cuatro años más. Pero, con la hecatombe, la unidad nacional requería deponer las posiciones partidistas y colaborar en la reconstrucción del país. Sin quererlo, pero habiéndolo deseado, Piñera contará con una estructura política alineada. También, con un país ordenado en lo económico. En un entorno de inflación y tasas de interés bajas, de superávit y ahorro fiscal, de fundamentos macroeconómicos en óptimas condiciones y luego de pasar el obstáculo de la crisis de 2009, la tarea de reactivar al país con gasto fiscal e incentivos privados parece una mancuerna con éxito asegurado. Políticamente, también. Cualquiera que sea el set de políticas públicas que implemente -más o menos alejadas de sus promesas de campaña-, será legitimado usando la bandera de la reconstrucción nacional.
Subsanado lo político y trazado el camino, el desafío del Gobierno de Piñera tiene que ver con la velocidad de reacción. El presidente sabe que, en tanto las respuestas posterremoto sean rápidas y atingentes, la ciudadanía lo apoyará con mayor o menor grado en sus otras iniciativas. El cronómetro comenzó a andar incluso antes de su embestidura. Por eso, se explica su viaje a la zona de catástrofe después de la posesión. Piñera sabe que no tiene tiempo que perder. Chile cuenta con ello.
Sismos sacuden a Chile
SANTIAGO. Unos 50 sismos han sacudido el centro y el sur de Chile desde el pasado jueves, 44 de ellos, con epicentro en las cercanías a la localidad costera de Pichilemu, unos 180 kilómetros al suroeste de Santiago, según informó ayer el Servicio Sismológico de la Universidad de Chile.
Los movimientos telúricos han tenido en su mayoría una intensidad de entre 4 grados y 6 grados Richter, y solo dos han superado ese nivel: los temblores de 6,9 grados y 6,7 grados que marcaron el jueves pasado la investidura presidencial de Sebastián Piñera.
Las continuas réplicas mantienen en vilo a los habitantes de la población costera, que se vio gravemente afectada el pasado 27 de febrero por el terremoto y el posterior tsunami.
El sismo de 8,8 grados del 27 de febrero ha dejado hasta el momento medio millar de muertos identificados, decenas de desaparecidos, más de 2 millones de damnificados y un millón de viviendas afectadas, así como daños en varios sectores, valorados en alrededor de $30 000 millones (EFE)
Hora GMT: 15/Marzo/2010 - 05:10
