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El "trepador" arribó el martes pasado a Ecuador y fue recibido por decenas de seguidores, quienes protagonizaron una caravana por las calles de Quito. Fue condecorado por el Gobierno
El jueves 7 de febrero, desde el escritorio de su casa en Quito, Iván Vallejo ultima los detalles de su travesía para conquistar la cumbre del Dhaulagiri (Nepal) que le ha sido esquiva en dos ocasiones por el mal clima: primavera de 2005 y otoño de 2006.
Luego de más de un mes, en que los días estuvieron llenos de entrenamiento, el montañista toma un vuelo a Madrid. Desde ahí viaja hasta Katmandú, la capital de Nepal. Luego de 11 horas de vuelo baja las escaleras del avión, por décima cuarta ocasión en 13 años, se inclina, toca el suelo con su mano derecha, la lleva al corazón mientras en su mente dice: bendiciones para el Dhaulagiri.
Luego de cumplir los trámites de migración, el ecuatoriano se dirige al hotel Yak and Yeti en una furgoneta. En el trayecto, a pesar de haber recorrido antes estas calles, se vuelve a fascinar con los richshaws (autos de una aldea india), la bulla, las vacas sagradas que pasean con serenidad, la sonrisa de los niños que después de una foto dicen "five rupees my friend".
En el Yak and Yeti, la habitación 3312 está reservada para el ecuatoriano. Luego de dar un vistazo al paisaje se tumba en la cama. Mientras concilia el sueño por su mente pasa una película con imágenes: Katmandú, Pumori, Ama Dablam, Manaslú, Everest... después se acuerda del mantra que ha repetido desde hace cinco meses "Dhaulagiri 8 167, a fines de abril, mi último ocho mil".
El martes 25 de marzo, Vallejo toma un avión que en 40 minutos lo lleva hasta Pokhara al pie del Himalaya, un lugar apacible y a orillas de un lago que lleva el mismo nombre. En la tranquilidad de este lugar ratifica lo que escribió hace tres años cuando conoció este sitio por primera vez: si se volviese a casar escogería para su luna de miel este sitio.
Al siguiente día, el montañista y sus acompañantes llegan a Darbang, donde plantan sus tiendas. El jueves a las 09:30, desde el estadio del pueblo parten a la aldea de Marhang. Llegan al final de la tarde con la ayuda de 115 porteadores, quienes a cuesta llevan 3 500 kilos de equipaje.
El domingo 30, a las 15:30 arriban a Campamento Italiano, a 3 610 m al pie de la cara oeste de la montaña, con la nevada pisándoles los talones. Mientras aparecen los porteadores, la nieve cae con abundancia y en cuestión de una hora todo queda blanco. La nevada para a las 20:00, cenan y se duermen preocupados por lo que podría suceder.
Amanece, es un lunes 31 de marzo que está completamente despejado, pero hay malas noticias: 80 porteadores desertan por las duras condiciones de la marcha hasta el Campo Base (CB). A las 12:30, comienza a nevar otra vez y las posibilidades de salir de este lugar se reducen y no les queda más que ir a dormir.
El martes 1.º de abril, a las 06:30, el vocerío de los porteadores los despierta. Hay una nueva deserción, se quedan solo 20 para los 3 500 kilos. Ante esto, la única solución es ser rescatados por un helicóptero. A las 16:00, logran contactar la empresa de aeronaves que les promete sacarlos el jueves 3 de abril. Ese día, muy temprano, desayunan y desarman el campamento y a la intemperie esperan en vano el aparato.
Por la noche vuelve a llamar a preguntar por el helicóptero y les garantizan que a las 09:00 del viernes 5 de abril llegará. Con la nueva oferta se van a dormir.
La espera al siguiente día es angustiosa. Son las 09:00 y el aparato no aparece, a las 10:00, y a punto de la histeria, hacen una nueva llamada donde les informan que 20 minutos antes la nave ha despegado.
Todos se comen las uñas mascullando el miedo por dentro, haciendo mutis. A las 11:15, por fin se escucha el rugido que viene desde el fondo del valle. Ahí cantan victoria, pero falta que la nave azul con amarillo pueda aterrizar en el minúsculo espacio que han preparado. En seguida mueven los bultos, levantan las mochilas y las meten en el aparato. En 15 minutos llegan al CB al pie del Dhaulagiri.
Los dos siguientes días, en medio de las precipitaciones, equipan el CB para vivir en este sitio entre cinco o seis semanas.
El miércoles 8 de abril, desde las 07:13 y por siete horas, escalan hasta los 5 850 m para instalar el campamento 1. Ahí dejan tiendas, cartuchos de gas, cocinetas y 400 m de cuerda. El jueves 10 de abril es de descanso. Al otro día instalan el campamento a 5 850 m y pasan la primera noche como parte del aclimatamiento.
El sábado 12 de abril, Iván y su camarada Fernando suben hasta 6 300 m para señalar con banderolas el camino hasta lo que será el campamento 2. Les toma tres horas llegar ahí, pero apenas 45 minutos en retornar al campamento 1, donde pasan la noche.
El domingo 13 de abril, a las 09:00, están de vuelta en el CB. Desayunan huevos fritos con queso y cebolla. Los siguientes días son de descanso obligatorio, no pueden avanzar por la nevisca.
El viernes 18 de abril, a las 08:30, abandonan el CB y emprenden su viaje hacia el Campo 1 con un sol inclemente. En el trayecto el ecuatoriano abre huellas para otros escaladores, en el camino el clima se estropea y a tientas logra llegar al campamento 1.
El sábado 19 es un día lindo, pintado de azul y blanco. Arranca el ascenso y a las 13:00 llegan a 6 500 m, donde el oxígeno ha disminuido. Vallejo se encarama en la arista donde el viento lo sacude. Continúa, llega hasta los 6 600 m donde encuentra dos carpas abandonadas el año anterior por una expedición japonesa. Se estaciona ahí a esperar a sus compañeros donde celebran la jornada con abrazos. No pueden avanzar más por la ventisca, regresan a Campo 1 donde llegan en 43 minutos con las cejas y las pestañas escarchadas. Esa noche toman sopa, escuchan música y descansan. Al siguiente día, Vallejo y su compañero Fernado fijan 250 m de cuerda por encima del campo mientras la nieve sigue blanda. El viernes 25 de abril, por la inclemencia del clima y de acuerdo al pronóstico del tiempo, deciden cambiar las fechas de llegada a la cima prevista para el 28 o 29 de abril; lo intentarán el 30 de abril o el 1.º de mayo.
Como el tiempo mejora, el domingo 27 de abril afinan todo para trepar el lunes con la esperanza de llegar a la cima el 1.º de mayo. Así fue.
El jueves, mientras los ecuatorianos se preparan para un largo feriado para conmemorar el día del trabajador, Iván y sus compañeros parten desde el campamento 3 -ubicado a 7 400 m- a las 02:40, con una temperatura de 26 grados bajo cero.
Después de 10 horas de duro trabajo, luchando contra el frío y la falta de oxígeno, Iván pone sus pies en la cima de la "Montaña Blanca". Lo primero que se le ocurre es llorar y agradecerle a Dios y a la vida por haber logrado su último ocho mil. (fuente: www.ivanvallejo.com)
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Hora GMT: 01/Junio/2008 - 16:11
