Por Mauricio Pozo Crespo
mpozo@hoy.com.ec
Muchos dirán que hay estilos y estilos. Hay gobernantes que fundamentan su accionar en un fin que justifique los medios, es decir, si los votos es lo que sirve y para ello hay que hacer o decir lo que sea, pues hay que hacerlo. Esa forma de hacer política puede ser rentable electoralmente, pero es destructiva.
Desunir al país, separarnos entre ecuatorianos, ganar adeptos en base a la descalificación del contrincante, entre otros métodos, no es sano y, en el largo plazo, no produce resultados favorables.
Jamás puede justificarse que se nos divida entre ricos y pobres, entre los aliados al Gobierno y sus opositores, entre los que encasillan como parte del pasado y los que dicen ser el presente y el futuro, entre serranos y costeños, entre flacos y gordos, entre negros y blancos o entre funcionarios públicos anteriores, a los que se les endilga culpas y errores, y los actuales, a los que se define como los buenos y eficientes.
Todos somos ecuatorianos. Tanto derecho tiene el empresario como el trabajador, pues ambos son ecuatorianos. Las gorditas y los flacos también son compatriotas todos. Los ricos que generan honradamente empleo y riqueza son tan respetables como los trabajadores que cumplen a cabalidad sus responsabilidades.
Ex presidentes y ex ministros que cumplieron a cabalidad sus obligaciones, aunque se hayan equivocado como también lo hacen los actuales, se merecen el mismo respeto.
Qué diferencia es oír, en cambio, a otros dignatarios que llegan al poder con mensajes como promover la unión de sus compatriotas sin distingo de orientación política, color de piel o poder económico. Aquellos discursos en los que los jefes de Estado llaman a superar diferencias o invitan a opositores a que opinen sobre lo que observan equivocado. Gobernantes que ante la injuria responden con la altura y la majestad de un presidente de la República.
Primeros personeros de naciones que cuidan su palabra, reservan sus opiniones para momentos realmente trascendentes y trasmiten tranquilidad, madurez, responsabilidad orientando el país al futuro. Defienden valores fundamentales del ser humano como la libertad de elegir y de opinar, el derecho a discrepar. Transmiten, esos presidentes, la seguridad que requiere cualquier inversionista nacional o extranjero. Deciden siempre para la siguiente generación, no para la siguiente elección.
Ese es el Ecuador que nos conviene, ese es el perfil de mandatario que necesitamos, esas son las acciones que nos harán respetables y confiables.
El desgaste del discurso presidencial hecho a diario y en cualquier parte, el insulto y la amenaza, el infundio del miedo al que discrepa, basado en el poder de las armas y la riña permanente, no pueden ser formas sanas de conducción de Gobierno, por más votos que esto produzca. Siempre estas actitudes, algún rato, pasan la cuenta. Hay liderazgos dañinos y beneficiosos. No necesariamente las mayorías tienen la razón. Esa es la democracia, pero los porcentajes mayoritarios también se equivocan. El Ecuador y su historia política es un vívido ejemplo de esto. Obama abre esperanzas, resalta credibilidad y confianza. Esas cualidades necesita el Ecuador.
Hora GMT: 02/Febrero/2009 - 05:07
