Por Claudio Mena Villamar
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Según una investigación de la Unesco, si un joven no llega a tomar afición a la lectura hasta los 12 años de edad, será muy difícil que se convierta en un lector habitual. En nuestro país, parece que esa es una realidad, porque los jóvenes, incluidos los universitarios, con excepción de algún texto, leído parcialmente para preparar un examen, no son personas que se puedan considerar como lectores habituales, con las excepciones del caso.

Consecuencia de lo anterior es que el mercado del libro se está reduciendo, como lo ha afirmado el editor Xavier Michelena, en un reportaje para El Comercio.

Según datos aportados por la Cámara del Libro, en el año 2009, se han impreso alrededor de un millón menos de libros que en el año anterior, tomando en cuenta que la mayoría de ellos es de textos. La situación tiene visos de ser grave, porque el libro está vinculado directamente con la educación y la cultura. Como resultado de esta situación, Michelena afirma que, en Quito, han dejado de funcionar algunas librerías en los últimos meses porque numerosos textos se distribuyen fuera de ellas, mediante otros canales o directamente por las mismas instituciones educativas.

No debe olvidarse que el libro de texto ha sido siempre uno de los fuertes recursos del mercado librero. El mismo informante ha dicho que, en varias ciudades, no existen librerías, lo cual es grave, y sería conveniente confirmarlo.

En todo caso, según información del ISBN (International Standard Book Number), que maneja la Cámara Ecuatoriana del Libro, en el año 2009, se imprimieron en el país alrededor de 200 títulos menos que la cifra correspondiente al año 2008. Estos datos deben ser objeto de preocupación. Además, cualquier elevación en el precio del papel y de otros insumos para la producción librera influye directamente en el sector editorial y provoca un alza en el precio, debilitando el mercado.

Por otro lado, la competencia del libro también viene por el lado virtual, que permite, sobre todo a estudiantes, prescindir del libro, para leer lo que les interese en la pantalla del computador, mediante el ingreso a Internet. A lo anterior, se añade el auge de la llamada "piratería editorial", mediante la ilegal copia de obras, con lo cual se afecta no solo la propiedad intelectual, sino al sector librero honesto. Es cierto que las ferias del libro que ocurren todos los años, particularmente en las ciudades de Quito y Guayaquil, constituyen una oportunidad para la difusión del libro, pero es necesario que el Estado intervenga para llegar a un acuerdo con autores, editores, proveedores y libreros, a fin de que el libro sea un producto de fácil acceso y no llegue a convertirse en un artículo de lujo.

Además, , no debe olvidarse la necesidad de formar nuevos lectores entre el público joven e infantil mediante la acción concertada de todos los sectores antes mencionados.
Por último, es necesario elaborar una nueva ley del libro que permita aumentar su demanda, porque sociedad que no lee, está culturalmente perdida.