Escándalos en las casas reales
El caso de Iñaki Urdangarín ha revivido las polémicas desatadas por los familiares incómodos que habitan los palacios europeos
MADRID. Son millonarios, ostentan títulos nobiliarios y tienen privilegios que la mayoría de mortales ni siquiera podría soñar. Los descendientes y familiares de las casas reales europeas tienen tanto poder en sus manos y ascienden de modo vertiginoso que su caída se convierte en todo un ejemplo de aquella frase de que el poder corrompe.
La historia de los escándalos de la realeza europea es larga y, en esta ocasión, ha sido alimentada por los habitantes del Palacio de la Zarzuela de Madrid.
El Rey Juan Carlos I de España no quiere ver ni en cera a su yerno Iñaki Urdangarín, luego del escándalo desatado por su supuesta participación en un caso de corrupción. Esta semana, la Casa Real española anunció que Urdangarín no será incluido en adelante en los actos oficiales, e incluso el museo de cera de Madrid puso la imagen del yerno rechazado lejos de la familia real, en la categoría de los deportistas.
Nunca ningún miembro de la Casa Real de España había sido imputado por un delito. Este historial inmaculado podría verse manchado si sigue estrechándose el cerco judicial sobre Urdangarín
Si llega a ser enjuiciado y condenado por varios delitos de corrupción, podría tener que pasar más de 15 años en la cárcel. El caso incluso podría poner bajo sospecha a la infanta Cristina, la esposa de Urdangarín e hija menor de los reyes españoles.
El yerno de Juan Carlos, que lleva el título nobiliario de duque de Palma desde que se casó con la infanta Cristina, en 1997, está siendo investigado por la Fiscalía Anticorrupción de las islas Baleares por delitos como fraude, malversación de fondos públicos y prevaricación.
Como presidente del instituto Nóos, una fundación sin ánimo de lucro con sede en Barcelona, el duque de Palma habría desviado en los años 2005 y 2006 fondos públicos del Gobierno hacia varias empresas en las que tenía intereses propios destinados a la organización de foros sobre deporte y turismo.
Según fuentes de la investigación, el volumen de dinero malversado podría llegar a los $2,7 millones.
Se está investigando también el destino de otros $3 millones que el Gobierno de la comunidad de Valencia entregó al instituto Nóos para promocionar la candidatura de la ciudad de Valencia como sede de los Primeros Juegos Europeos, que nunca llegaron a celebrarse. El exvicepresidente de Nóos y mano derecha de Urdangarín, Diego Torres, ya está imputado en este caso de corrupción y se espera que la Fiscalía levante también en cualquier momento acusación contra el propio duque de Palma.
Las fuentes consultadas por la prensa española aseguran que el instituto de Urdangarín ofreció también, a cambio de elevadas sumas de dinero, su asesoramiento a grandes empresas como Telefónica y Aceralia, así como a varios Gobiernos municipales y regionales. Nóos incluso habría elaborado un informe de solo 10 páginas para el club de fútbol Villareal por la cantidad de $700 mil.
En el peor de los casos para la Casa Real, la investigación judicial podría salpicar también a la propia infanta Cristina. Ella pertenecía a la junta directiva del instituto Nóos cuando se cometieron los supuestos delitos de corrupción. Además, ejercía de secretaria del consejo de administración de la promotora inmobiliaria Aizoon, presidida por su esposo, a la que se desvió, según las fuentes judiciales, parte de los fondos públicos malversados.
De acuerdo con la Constitución española, de los miembros de la Casa Real, solo el rey es "inviolable" y no puede ser sometido a juicio.
El caso Urdangarín ha revivido el lado oscuro de la realeza y a los habitantes incómodos de los palacios, pues ni la sangre azul ha logrado evitar que los aristócratas se resistan a participar en acciones dudosas como el desvío de fondos, ventas ficticias, usar el título como influencia, infidelidad, etc., y en los más jóvenes, los excesos relacionados con el alcohol y las fiestas. (DPA-YA)
Lorenzo paga enseres con fondos públicos
La casa real de Bélgica tembló en 2006 con el llamado de atención que el rey Alberto II hizo a su hijo, el príncipe Lorenzo, quien habría desviado fondos de la Marina belga para pagar los electrodomésticos y la decoración de su casa.
"Ninguna persona está por encima de la Ley y la justicia debe poder hacer su trabajo con toda independencia", afirmó el monarca en el mensaje dirigido a su hijo.
Aunque no se pudo comprobar la participación directa del príncipe en la desviación, el llamado de atención dio a entender que el rey estaba al tanto de las acciones de su heredero.
En aquel año, Lorenzo recibía una asignación anual de unos $300 mil, por lo que los belgas no podían explicarse las razones del monarca para pagar sus enseres domésticos con dinero del Estado.
Constantemente, Lorenzo es criticado por actitudes que están lejos de quien heredará el trono de Bélgica, la única explicación que los medios del país han dado a este comportamiento es que el príncipe sufre algún tipo de manía.
Hace años, se lo descubrió ingresando sin boleto a la clase ejecutiva de un avión. Se sabe además que, al conducir, viola numerosas leyes viales y sus tácticas diplomáticas en más de una ocasión han sido cuestionadas. En múltiples ocasiones, Lorenzo ha sido llamado al Parlamento para dar explicaciones. (YA)
El millonario regalo de Victoria de Suecia
La boda de la princesa Victoria de Suecia con su entrenador personal, Daniel Westling, fue considerada precisamente una victoria, pues el carácter de plebeyo del novio fue discutido por los miembros de la Casa Real como un motivo para no realizar el enlace.
El romance en sí no pasó de ser un escándalo que contravenía las reglas de realeza, y ambos sellaron su amor con una boda al estilo del cuento de hadas. Sin embargo, la realidad se hizo presente cuando los novios regresaron de su luna de miel y se encontraron con una denuncia interpuesta por el fiscal de corrupción sueco.
La denuncia tuvo que ver con que la pareja aceptara como regalo de bodas del empresario Bertil Hult el uso de su yate privado además de todos los gastos pagados durante su luna de miel. El valor de este regalo se contabilizó en $1 millón.
Para el fiscal, la pareja aceptó un obsequio de parte de una persona que podría tener un interés específico en cuestiones de negocios; además, según la guía del ministerio de Hacienda sueco, un funcionario no puede abusar de su posición. Todos los miembros de la realeza son también considerados funcionarios públicos.
La Casa Real, por su parte, expresó que la princesa no hizo nada malo ni reprobable, pues el viaje realizado fue privado y el empresario es un amigo íntimo de la familia. La denuncia no llegó a un lío legal pero sí puso en apuros a la princesa. (YA)
La realeza británica lidera la polémica
Uno de los escándalos amorosos más sonados es el protagonizado por Carlos de Inglaterra y Camila Parker, quienes, luego de años de rumores, llegaron finalmente junto al altar. En su tiempo, las confesiones de Diana de Gales revelaron también que la familia real británica es un cúmulo de secretos y que, por su pasillos, se construyen las más reforzadas conspiraciones.
Pero no solo el amor ha sido el causante de los escándalos reales británicos, los aristócratas de la Casa de Windsor se han dejado llevar también por la ambición y el dinero. El segundo hijo de la reina Isabel II, Andrés de Inglaterra, fue blanco de las críticas al vender su mansión en el campo inglés a un magnate de Kazajistán por unos $23 millones.
El empresario Kenes Rakishev, yerno de un exprimer ministro de la república exsoviética, pagó casi $4 millones por encima del precio de la que fuera la residencia de Andrés y Sarah Ferguson, ahora divorciados.
Los más jóvenes no han quedado exentos. Enrique, el hijo menor de Diana y Carlos, es considerado como un fiestero incansable; a los 17 años, protagonizó su primera polémica cuando se supo que, en reiteradas ocasiones, había consumido marihuana y grandes cantidades de alcohol. Mientras su hermano Guillermo, antes de sentar cabeza junto a Catalina Middleton, gastaba miles de dólares en licor. (YA)
Bernardo de Holanda cobraba sobornos
En 1976, el príncipe Bernardo de Holanda, esposo de la reina Juliana y padre de la actual soberana de los Países Bajos, Beatriz I, demostró que la realeza trabaja también de forma clandestina.
En calidad de inspector general de las Fuerzas Armadas, mandó una carta al gigante aeronáutico estadounidense Lockheed, a quien había conseguido un contrato importante para la compra de una docena de unidades del cazabombardero F-104 con destino a la Real Fuerza Aérea holandesa. En aquella carta, el príncipe Bernardo reclamaba una comisión de $1 millón por haber actuado como "un intermediario impropio".
Aquello era una forma elegante de reclamar el dinero prometido por Lockheed como soborno. Cuando el escándalo salió a la luz, Lockheed confesó y el príncipe Bernardo aseguró que no tenía tiempo que perder en ese asunto.
Bernardo, fallecido en 2004, desató una profunda controversia al revelarse, en una serie de entrevistas publicadas con motivo de su fallecimiento, que había tenido dos hijas extramatrimoniales, que había recibido sobornos y que la fortuna de la familia es menor de lo que se cree. (YA)
Mónaco, sede de polémicas amorosas
En la casa Grimaldi, la princesa Carolina de Mónaco es el referente en cuanto a relaciones fallidas. Cuando tenía 21 años , se casó en contra de la voluntad de su padre, el príncipe Rainiero, con Phlippe Junot. Este matrimonio duró dos años.
La princesa se volvió a casar en 1983 con Stefano Casiraghi, de origen italiano. De esa unión, nacieron tres hijos: Andrea, Carlota y Pierre. Pero la suerte no duró mucho. En 1990, Casiraghi perdió la vida. En enero de 1999, la princesa viuda se casó con Ernesto Augusto de Hannover.
Los hijos de Carolina parecen haber heredado de su madre, además de su belleza, su adicción a los titulares de la prensa rosa. Andrea, de 25 años, es visto de fiesta en fiesta junto con su novia de origen colombiano. Carlota fue desde los 13 años protagonista de fotografías en desaforadas fiestas y Pierre, de 23 años, parece estar siguiendo los pasos de sus hermanos.
El príncipe Alberto no se ha quedado atrás y en julio, días antes de su boda con Charlene Wittstock, varios rumores apuntaban a que la futura princesa había huido por una supuesta infidelidad de Alberto, pero finalmente la pareja se casó. (EFE-YA)
Otros escándalos
La realeza tiene también personajes excéntricos que dan mucho de qué hablar. Es el caso de la duquesa de Alba, de 85 años, quien contrajo matrimonio hace poco con un hombre 20 años menor que ella. Cayetana de Alba es la aristócrata con más títulos nobiliarios del planeta, tantos que, si se encontrara con la reina Isabel II en la calle, esta debería caminar dos pasos detrás de ella.
Quien dijo que los miembros de la familia real no deberían usar sus títulos de forma publicitaria se equivocó. La princesa Martha Luisa de Noruega usó su nombre y título para promocionar las giras que realizó en 2002 con el Coro Gospel de Oslo. Su osadía le valió un llamado de atención de la Casa Real y del primer ministro noruego de la época, Kare Willoch.
A pesar de la enorme popularidad de los príncipes herederos de Holanda Guillermo y Máxima, estos han recibido muchas críticas por su afición a las vacaciones exóticas y las villas costosas. Hace un año, los príncipes desataron la polémica cuando se supo de la compra de una casa en el sur de Mozambique a través de un intermediario que poseía una cuenta en un país considerado paraíso fiscal.






18/Diciembre/2011 a las 14:11
Arrimados, aprovechados, dícese esbirros, toda una sarta de lapas, adheridas al trabajo de los menos afortunados, reyes, príncipes, condes ¿quién los ha elegido? ¿dios? y quien a elegido a dios sino sus inventores, aquellos que se valen de su podrida astucia para convencer mañosamente a los demás de ser elegidos o de ser mejores solo por tener un poco más de "educación" o la piel un poco más clara. España y el resto de países monárquicos debería empezar a limpiarse de esa lacra social que no despierta envidia ni sueños sino que solo inspira a fomentar la mediocridad inculcando en el común el sentimiento triste y vergonzoso de la mala suerte. Abajo las monarquías, las de oro, las de papel con su publicidad ejemplificadora y absurda y las de las imágenes igualmente absorbentes y degradantes y sobre todo abajo las monarquías religiosas, las más detestables.
18/Diciembre/2011 a las 15:57
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18/Diciembre/2011 a las 17:15
Arrimados, aprovechados, dícese esbirros, toda una sarta de lapas, adheridas al trabajo de los menos afortunados, reyes, príncipes, condes ¿quién los ha elegido? ¿dios? y quien a elegido a dios sino sus inventores, aquellos que se valen de su podrida astucia para convencer mañosamente a los demás de ser elegidos o de ser mejores solo por tener un poco más de "educación" o la piel un poco más clara. España y el resto de países monárquicos debería empezar a limpiarse de esa lacra social que no despierta envidia ni sueños sino que solo inspira a fomentar la mediocridad inculcando en el común el sentimiento triste y vergonzoso de la mala suerte. Abajo las monarquías, las de oro, las de papel con su publicidad ejemplificadora y absurda y las de las imágenes igualmente absorbentes y degradantes y sobre todo abajo las monarquías religiosas, las más detestables.
19/Diciembre/2011 a las 16:18
Arrimados, aprovechados, dícese esbirros, toda una sarta de lapas, adheridas al trabajo de los menos afortunados, reyes, príncipes, condes ¿quién los ha elegido? ¿dios? y quien a elegido a dios sino sus inventores, aquellos que se valen de su podrida astucia para convencer mañosamente a los demás de ser elegidos o de ser mejores solo por tener un poco más de "educación" o la piel un poco más clara. España y el resto de países monárquicos debería empezar a limpiarse de esa lacra social que no despierta envidia ni sueños sino que solo inspira a fomentar la mediocridad inculcando en el común el sentimiento triste y vergonzoso de la mala suerte. Abajo las monarquías, las de oro, las de papel con su publicidad ejemplificadora y absurda y las de las imágenes igualmente absorbentes y degradantes y sobre todo abajo las monarquías religiosas, las más detestables.