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Tags : Raúl Jervis Simmons 

El imperio de la desinformación

Publicado el 13/Septiembre/2009 | 00:04

Por Raúl Jervis Simmons*


analisis@hoy.com.ec

Una de las características más sobresalientes, pero al mismo tiempo más tenebrosas de los regímenes fascistas y/o totalitarios como el nazismo alemán, la Italia de Mussolini, la España de Franco, el bolchevique de Stalin o el de los Castro en Cuba, ha sido, a más de la represión a cualquier opinión contraria o disidencia, el control absoluto de la información y una incesante propaganda oficial de virtudes inexistentes o con mentiras bien expresadas, y perversas distorsiones de la verdad para mantener lo que se cree es la somnolencia e indiferencia del pueblo llano, pero que no es más que el miedo y terror que conducen a un angustioso conformismo. Ya parece que una parte de este mundo ha olvidado las oscuras horas de terror que vivió el pueblo alemán en los treinta y cuarenta y la frustración de los españoles de los sesenta y setenta; y los que hemos visitado Cuba no podemos seguir siendo indiferentes a ese hipócrita conformismo de los pocos que tienen la oportunidad de conocer lo que pasa en el mundo exterior y que, con estoicismo y envidia, aceptan derrotados su realidad.

Las atosigantes cadenas de radio y televisión del Gobierno ecuatoriano son ejemplos de fidelidad a la filosofía fascista goebeliana. Al parecer, lo importante no es que se haya confabulado para cambiar la constitución, sino cuál fue el mecanismo para hacer las grabaciones clandestinas. Culpable no es quien cometió el delito, sino quien lo denunció y quien lo divulgó. Una de las últimas cadenas, para promocionar las supuestas bondades de la Ley de Educación Superior que el Gobierno ha ordenado a la sumisa Asamblea que apruebe, fue otra demostración del cinismo para distorsionar la verdad y desinformar. Con perversidad señalan que se va a recuperar el rol regulador del Estado en la educación universitaria para así engañar la real intención de bloquear la autonomía, elemento importante de los centros de educación superior para desarrollarse científicamente en libertad, algo que no es compatible con un régimen totalitario. Mienten cuando dan las cifras y comparaciones mundiales del ranking de las universidades, y ocultan lo que sucede con algunas universidades ecuatorianas, tanto públicas como privadas, a las que pretenden satanizar con los defectos de las universidades públicas sometidas a la politización con los tintes ideológicos que son parte de este Gobierno. Desinforman cuando dicen que el proyecto de ley del Gobierno ha sido suficientemente discutido. No quieren centros de educación deliberantes y de ciencia. Pretenden universidades controladas como en Cuba y Venezuela, pero ignoran la calidad y la independencia del mundo libre como en Chile, Brasil, España o Dinamarca.

Médico, profesor universitario*

Hora GMT: 13/Septiembre/2009 - 05:04





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Comentarios

  1. 1 Carlos Cevallos Z. desde - Guayaquil.

    Excelente análisis, somos testigos por ejemplo, de que la incautación de TC y Gama que parecía algo positivo, era realmente una estrategia dentro del plan maestro del gobierno para alterar la línea editorial y extender su lavado de cerebros totalitario, ya que Ecuador Tv, el canal estatal, tiene índices de audiencia muy bajos. Quedó muy claro en la última transmisión de la selección, la propaganda del gobierno fue incesante, es una prueba más de que aquí en este país lo que quieren es crear una ciudadanía autómata, incapaz de adoptar posturas críticas. La sobrevivencia de este estado totalitario depende de ello.

  2. 1 siroco desde - Parîs

    En Ecuador no sôlo sufrimos de universidades mediocres, mas de una prensa bananera. La cultura general que transluce de este tipo de editoriales, no tiene nada que envidiar al màs reaccionario de los artîculos del Reader's Digest. Un profesor universitario escribe "Las atosigantes cadenas de radio y televisión del Gobierno ecuatoriano son ejemplos de fidelidad a la filosofía fascista goebeliana": no sé si la falta de discernimiento proviene de una senilidad avanzada o de una total ignoracia. El uso de los términos "fascismo", "nazi", "totalitario" no puede hacerse bajo la visiôn esquemàtica y vulgar de un estudiante malo de cuarto curso de colegio. En este mismo periôdico se ha alabado la obra de Hannah Arendt. Tal vez sus editorialistas deberîan leer a Arendt antes de caer en el ridîculo. En cuanto a la libertad de la prensa, si su propio sentido comûn no les permite ver que los medios privados (que tienen el oligopolio de la informaciôn) fabrican una realidad que obedece a los intereses de ciertas clases, seguramente le convendrîa leer el libro de Herman y Chomsky "Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media"

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