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EL HUMOR EN LOS TIEMPOS DE CRISIS

Publicado el 03/Marzo/1996 | 00:00

Quito (Ecuador). 03 mar 96. (Editorial) Ironía, sátira,
remedos y mil recursos humorísticos más son por estos días el
ají que le pone picante a la comidilla nacional en la que se
ha convertido el proceso que se le sigue al presidente de
Colombia, Ernesto Samper, por sus presuntos lazos con el
narcotráfico.

Caricaturistas, libretistas de radio y televisión y hasta
personajes connotados de la Iglesia Católica han hecho de la
crisis colombiana, una cantera de ingenio.

Tal es el caso del presidente Ernesto Samper.
"Aunque les parezca imposible", dijo Samper hace pocos días,
he seguido gobernando (...) sin perder el sentido del humor,
recordando siempre el consejo de Chaplin de que un día sin
risa es un día perdido en la vida".

A algunos la afirmación del presidente les pareció un chiste.
Y es que Samper, en la logia de los humoristas bogotanos es
considerado miembro de alto calibre, tanto que Eduardo Arias,
también socio destacado y demoledor crítico del mandatario,
afirmó:

"¿Por qué en Colombia ciertos talentos desvian su destino
irremediablemente? Con Ernesto Samper (en el poder) perdimos
un gran humorista".

El cambio de rumbo de Samper fue provocado por lo que Arias
llama un recóndito deseo de todo nacional: "colombiano que no
quiera ser presidente es ecuatoriano".

Es que el ansia de poder conduce a traspasar los límites
éticos, para, por ejemplo, dejar filtrar en las propias arcas
dineros sucios, "a mis espaldas", como afirmó el presidente
haciendo, sin querer, la frase más promocionada de toda la
temporada.

Así lo reconoce Vladimir Florez "Vladdo", el caricaturista
mayor de la revista Semana, para quien hay un axioma del
oficio: "cuando a los países les va mal, a los caricaturistas
les va bien".

"Vivimos echándole sal a la herida, y una frase como esa,
sobresaliente ayuda mucho", comentó Vladdo recordando que uno
de sus mejores trabajos de este período de crisis se apoyó en
el "a mis espaldas".

Se refiere al dibujo de una alcancía en forma de cerdo con la
cara de Samper a la que le están echando una moneda por la
ranura que tiene en el lomo.

También le explotó el caricaturista Héctor Osuna, pontífice de
los humoristas gráficos colombianos, cuya sección dominical en
el diario El Espectador ha sido bastión de la oposición al
gobierno.

En su caso, se trataba de un presidente agobiado por el peso
de una caja de caudales, rebosante de joyas y dinero.

Vladdo aclara que las caricaturas "deben ser siempre criticas
pero no necesariamente graciosas" y que una condición del buen
humorista es "estar en la oposición. El gobiernismo anula al
humorista", dice.

En televisión las palmas se las lleva el "Noticiero Quac".
Parodias del fiscal Alfonso Valdivieso, del embajador
estadounidense Miles Frechette, de Jacquin de Samper, esposa
del presidente, una reportera principiante y un estudiante
revoltoso deparan media hora semanal de desahogo.

A este país lo salva el sentido del humor, se afirma con
frecuencia en Colombia, aunque podría ser que detrás de los
gracejos y las frases ingeniosas se esconda una alta carga de
cinismo.

Esa que algunos vieron en Gilberto Rodríguez Orejuela,
detenido jefe mafioso del cartel de Cali, que dijo: "si creen
que di 5.000 millones (de pesos) a la campaña (electoral de
Samper), entonces que no me acusen de enriquecimiento ilícito
sino de empobrecimiento ilícito".

Y como en todos los bandos hay ingenio, también a propósito de
la filtración de dinero del narcotráfico el presidente de la
Conferencia Episcopal Católica, Pedro Rubiano, aportó materia
prima.

"Si a uno se le mete un elefante a la casa tiene que verlo",
dijo el obispo y los caricaturistas corrieron a traducir la
frase en agudos trazos que aplastaron al presidente bajo la
piel gris de un paquidermo. (IPS) (Diario HOY) (4A)

Hora GMT: 03/Marzo/1996 - 05:00 Autor: Por María Isabel García

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