Marco Lara Guzmán
mvlaraguzman@hoy.com.ec
El Congreso español se encuentra en proceso de reformar la Ley de Deportes de dicho Estado, a petición de un legislador del gobernante Partido Popular, con la finalidad de que en los actos deportivos, por muy masivos que sean, se guarde la compostura y el respeto que merecen los símbolos patrios. Todo esto en razón de la "pitada", que en el Ecuador se llama pifiada, silbatina o rechifla, acontecida durante uno de esos actos, en el estadio Camp Nou de Cataluña, mientras se escuchaba la música del Himno Nacional del Reino. Aclárese que el público no "coreó" dicha Canción, como decimos aquí, por la muy llana razón de que no tiene letra.
Valga la oportunidad para mencionar que, si bien un himno nacional, por definición y en casi todos los países del mundo, cobija y representa a todo el país y a todos sus ciudadanos, hay lugares en los cuales no se entiende así. España por ejemplo. Sucede que allá, todo arrancado y nacido desde centurias atrás, hay comarcas, provincias y zonas o regiones en las que hay grupos humanos que tienen muy debilitado el sentido de unidad del Estado y no se reconocen como españoles, sino como catalanes, vascos, etc. Al parecer, eso fue lo que ocurrió en la ocasión citada. España, sin tener conformación federal, tiene comunidades autónomas que mezclan sus atribuciones y normas, con las del ente global, en una urdimbre difícil de entender para quienes somos parte de un Estado francamente unitario. Pero los planteamientos de las comunidades o "países" a veces se manifiestan en el uso de la lengua autóctona y hasta en el separatismo. Complicada ha estado y está la aspiración de hacer un Estado uno y grande, según, por ejemplo, los enunciados en el transcurso y después de la guerra civil de 1936. La idea y el sentimiento de ser pueblos distintos se expresan de manera fuerte y han sido, históricamente hablando, fuente de innumerables episodios, algunos de ribetes graves.
En el Ecuador, el respeto a los símbolos patrios también sufre de progresivos desmayos. A las gentes, en forma más o menos generalizada, les importa un ardite que se toque el Himno Nacional. Siguen sentados, o de pie mantienen chacotas dignas de una plaza o de un ejido, todo esto como fruto de la invasiva iconoclastia que sufrimos. Nadie sabe cuál es la conducta apropiada frente a los símbolos nacionales, porque ya nadie enseña las costumbres y usos apropiados que se aprendía, lustros atrás, en una materia que se llamaba Moral y Cívica. Hace falta, por múltiples motivos, reponer esas enseñanzas, que muchos añoran, para que los estudiantes aprendan a tiempo lo que los símbolos representan. Desde luego, también en los hogares se debería poner atención a tales temas. No está mal, pero parecería que el patriotismo surge casi exclusivamente en los preparativos y en el desarrollo de los eventos deportivos y en ciertas conmemoraciones, como el Día del Civismo. Puede ser que lo que se reclama tenga que ver con el culto externo ciudadano y con el arrastre de costumbres, pero también es verdad que ese culto ayuda a mantener vivo el sentido y el sentimiento patrio.
Autor: Marco Lara - mvlaraguzman@hoy.com.ec Ciudad Quito






