Por César Ricaurte
cricaurte@hoy.com.ec
La portada de la Newsweek más reciente que circuló con HOY no podía ser más elocuente: "El fin de los derechos humanos" fue el título que acompañaba a la fotografía de un monje birmano cuando era violentamente apresado por fuerzas de seguridad de la dictadura que rige en ese país. La imagen no va sola. En la China, por ejemplo, se ha perfeccionado el control de Internet sin que nadie, ni adentro ni afuera, cuestione nada.
En nuestro continente, está el caso de Cuba. La vieja revolución devenida en dictadura, la gran insignia de una izquierda retardataria y a cuyo pueblo gran parte de América Latina ha dado la espalda para acoger en su seno al Régimen de los hermanos Castro. La muerte en prisión del disidente Orlando Zapata, humilde albañil de 42 años, por una huelga de hambre de 85 días lo revela de forma dramática. Nadie se atreve a decir nada porque, enseguida, las huestes de la dictadura sueltan sus perros al grito de "contrarrevolucionarios" y "agentes de la CIA".
No, amigos de Newsweek, el monje birmano no refleja tan bien "El fin de los derechos humanos". Existe una imagen mejor: Lula da Silva mirando a otro lado mientras Raúl Castro se desgañita afirmando de que en Cuba no hay tortura, salvo en Guantánamo... No hay mejor imagen de la claudicación que esta.
Así que nada tiene de raro que en América Latina apenas conozcamos algo acerca del remolcador Trece de Marzo hundido con 72 personas a bordo dejando un saldo de 41 muertos, de los cuales, 10 eran menores de edad. Según testimonios de los sobrevivientes, la tripulación de cuatro remolcadores de la Marina cubana embistieron intencionalmente al Trece de Marzo, barrieron con mangueras de alta presión la cubierta y negaron auxilio a las personas que se encontraban en el agua. Durante más de una semana, los medios de comunicación cubanos mantuvieron silencio en torno a los hechos. O que apenas se hable de la "Primavera Negra", cuando, en marzo de 2003, fueron arrestadas 75 personas, entre las que se encontraban médicos, periodistas o maestros que fueron sometidos a juicios sumarios. La mayoría de ellos fuen sentenciada a condenas de entre 15 a 28 años de prisión en juicios sumarios que no duraron más allá de 20 días. Según el Gobierno, estas personas habían "atentado contra la seguridad del Estado" por tener y difundir ideas contrarias al sistema comunista cubano. Orlando Zapata era uno de los arrestados en la Primavera. Así que aún quedan 74 personas más que son presos de conciencia o presos políticos con todas sus letras. Así, Amnistía Internacional declaró que los 75 activistas encarcelados eran "prisioneros de consciencia, sus métodos eran no violentos y su filosofía, democrática."
En cambio, según los partidarios del Régimen de los hermanos Castro, los disidentes son terroristas o criminales. Porque hay que recordarlo, en Cuba, los derechos más básicos como la libertad de expresión o la libertad de asociación están penalizados como delitos. Eso es lo que hemos olvidado y lo que ha permitido la muerte de Zapata, la cual, lamentablemente, no será la última, porque América Latina sigue viendo para otro lado.
Hora GMT: 04/Marzo/2010 - 05:08
