Por Marco Lara Guzmán
Tema viejo y nuevo a la vez, la Navidad tiene la innegable virtud de abrir reflexiones. Son brillantes aquellas novedosas, nunca formuladas antes por nadie, imposibles o difíciles de encontrar, ocultas, por tanto, aunque tal vez estén a flor de tierra, lozanas o marchitas, según se vea. Tenga el matiz que tenga, la celebración navideña, o solemnidad como la llama la liturgia católica, siempre se asienta en el mismo acontecimiento de valor histórico, si es que alguien no le quiere conceder el trascendente y espiritual que realmente guarda en su entraña.
Sucede que de tanto ropaje que se le ha puesto encima, la Navidad se ha desdibujado, pero es cierto que es lo que debe ser: el recuerdo o la exaltación del nacimiento de Jesús, allá en Belén, hace
2 008 años. No es ni más ni menos. No se recuerda ni debería recordarse ninguna otra cosa. Aún admitida la posición de quienes niegan la verdad histórica y la de aquellos que le restan sentido religioso, lo cierto es que en medio de los creyentes de corazón, y aun de los de pura boca, el recuerdo no debería revestirse de nada más que lo que es su esencia o sea el nacimiento del Mesías y punto.
Sin embargo, resulta incomprensible, hasta a los ojos de la simple y crasa lógica, que las sociedades llamadas cristianas, por ejemplo la ecuatoriana, vayan olvidando, más exactamente vayan poniendo de lado y desterrando la naturaleza de la fecha. No entro a juzgar, porque ni debo, ni puedo, ni quiero, lo que pasa dentro del corazón de cada persona, pero sí hay que mirar, de manera completamente objetiva, la conducta social manifestada en hechos tangibles. Tampoco quiero dedicarme, por lo menos en este artículo, a averiguar las causas del fenómeno que se da en el entorno colectivo.
Para empezar, es innegable que la gran mayoría de preparativos y de los escenarios de la Navidad nada tienen que ver con el acontecimiento. El decimotercer sueldo es para comprar regalos. Los ahorros, si los hay, son para el mismo fin. No es que obsequiar sea anticristiano, pero si tiene sus ribetes materialistas cuando es un puro cumplido que no está lleno de cariño, sino de afán de lucimiento y acaso de simple compensación bilateral. Las vitrinas, por lo menos las que he visto, están llenas de luces que contrastan con la penumbra y casi total humilde oscuridad de la cueva de Belén. Los adornos nada tienen que ver con el suceso, sino con un puro afán mercantilista que, de suyo, no es malvado, salvo en cuanto reemplaza arbitrariamente lo de fondo. Ni una imagen de Jesús en ella. Nada, absolutamente nada que recuerde la realidad de la fecha. Las propagandas de los lugares de comercio tienen que ver con pavos y vinos.
Las tarjetas navideñas presentan alegorías de todo lo imaginable, desde palmeras y playas hasta animales inexistentes y legendarios, pasando por bosques nevados, chimeneas humeantes y medias colgando en la chimenea. ¿Y Cristo?
Si la imagen, aunque sea la pura imagen del "homenajeado" no consta sino en rara parte, iglesias y en alguna que otra casa, ¿dónde se puede encontrar su mensaje, sus palabras y su ejemplo, convertidos, además, en actitudes ciertas y vitales?
mvlaraguzman@hoy.com.ec
Hora GMT: 26/Diciembre/2008 - 05:12
















26/Diciembre/2008 a las 06:08
Muy buen articulo Sr. Lara, aunque con tristeza hay que decirlo que los adultos tenemos gran responsabilidad, porque somos los unicos que permitimos estos cambios, y en el afan de tratar de dar lo mejor a nuestros hijos, muchas veces nos concentramos en lo material y mas no en lo espiritual.
26/Diciembre/2008 a las 11:42
Esta es una realidad desde hace largo tiempo. Es asombrosa la falta de honestidad mental cuando en esta época todo el mundo usa como pretexto una celebración cristiana, cuando la mayoría ni sabe bien o ya no se acuerda de que se trata. Pero nadie se atreve a declarar que, al igual que en Estados Unidos, esta no es época navideña sino simplemente de "holidays" de fin de año. Igual que nadie se atreve a reconocer que NO estamos en democracia sino estrenando nuevo dueño, ya que a dueño muerto, dueño puesto. Solo falta decirlo de frente.
26/Diciembre/2008 a las 23:15
Sr. Lara, la sociedad evoluciona, no estamos en tiempos medievales donde la industria y el comercio era arcaico y escaso, solo la nobleza podían darse el lujo de intercambiar regalos costosos, y las baratijas para sus súbditos campesinos, en las ciudades los artesanos elaboraban juguetes rudimentarios para el intercambio de regalos, así que siempre hubo un sentido materialista de la celebración de navidad, y gracias a ello a floreció la industria, y el comercio, a la importación y exportación de productos que da trabajo a miles de millones de personas.