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El gran arte como subversión

Publicado el 13/Enero/2013 | 00:49

Marco Antonio Rodríguez*

analisis@hoy.com.ec

El maestro Miguel Varea no admite precepto de ningún orden. Su figura desgarbada, frágil, etérea, sacudida por íntimos estremecimientos —fruto de sus rastreos desaforados en la condición humana—, luce paradójica si se compara con su magna obra trabajada a moroso y violento golpe de tiempo: invectiva sabia y atroz en contra de toda fe, de toda creencia, de todo sistema. Suerte de Atlante esmirriado, el pucho de cigarrillo en la comisura de sus labios, el rostro surcado por centenas de pliegues, vestigios de nicotina entre sus dedos y dientes, viste lo que halla a su paso y, con sus escasos amigos —si de alguien puede decirse que es un privilegio ser amigo es de él—, ríe como un rey de burlas, en el sentido que le dio J. G. Frazer: "el dios que más se rió del Poder concediendo a los esclavos libertad para que hagan lo que quieran en contra de sus amos y sus dioses, incluido él, durante tres días…"

En el yo íntimo de Varea, no hay dios ni dioses, poder o poderosos, solo distancias insalvables respecto de todo lo establecido: falacias, enajenación, apariencias, verbalismos, simulaciones, opresiones… De sus brazos cuelgan dos manos ávidas de arte y de vida. Jamás he conocido ningún creador tan poderoso y libre de toda atadura, imposible de ser —apaciguado siquiera— por nadie ni por nada, ni por su propio arte que, de suyo, es su propia disidencia.

Confrontación con el fondo de su inconsciente y la sórdida comparsa de nuestra rutinaria existencia. En pocos artistas como en Varea, se hacina y abruma, como un animal monstruoso, bárbaro, deflagrado y sempiterno, lo que Canetti llamó "masa y poder". Gran parte de la prodigiosa obra del maestro Varea deviene una especie de muestrario de los puntos infecciosos que traman la patología social, política, religiosa, cultural, económica… por donde deambulamos. El dibujo único de Varea (ilustrado, a veces, por sus cáusticos, memorables axiomas) es caos y mofa cruel de la vida y sus delirios: fe, ideologías, verdades, dogmatismos, esperanzas… Rupturas y regodeos. Reto y fruición. Combate osado y convulso. Creación que confronta e ilumina. Nada es esencial para el "gran arte" de Varea. ("Gran arte" es el arte metafísico, aquel cuyas realizaciones visibles revelan la realidad subyacente). Todo para el gran artista es una colosal bufonada, sin que se escape la difusa y lamentable historia patria. Pero Varea no se represa en lo anecdótico, toma lo nuestro y lo universaliza. He ahí su magnificencia. Lector insaciable, pensador de oficio, iconoclasta, sarcástico y noble, activista de su propia e intransferible verdad, genuino por todos los costados de su vida y obra: el genio de Miguel Varea.

* Narrador y ensayista.

 

Autor: Invitado de HOY - analisis@hoy.com.ec Ciudad Quito

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