CINE Y TV
La telenovela de TC Televisión se caracteriza por sus personajes, pero no tiene historia

Ya sucedió con la novela de El Cholito y ahora se vuelve a repetir con El garañón del millón. Hay un lugar pantanoso ubicado en el punto exacto donde una serie tiene éxito, se alarga, pero sus escritores y productores no saben cómo.
La telenovela se ha convertido en algo sinuoso cuya historia no llega a ningún lado y para compensarlo solo se explotan algunos ademanes, gags y estereotipos de los personajes. Eso está pasando con El garañón del millón, la telenovela de TC basada en la comedia Mi recinto; y un añadido: la publicidad.
De hecho, con una historia alargada ficticiamente y en la cual por ahora no pasa mucho, El garañón no es más que un largo spot con personajes. ¿Se está exagerando? Para nada, en un típico capítulo aparecen fundas de un determinado supermercado, pastillas para el dolor de cabeza, envases de yogur, de agua, de aceite, descarada propaganda de celulares en los escritorios, todo mientras se sobreimpone la marca de unos chicles o la promoción de la siguiente telenovela, etc.
Por lo demás, la telenovela explota una paradoja: la de mundo rural en choque con la modernidad, lo citadino representado en este caso por una empresa de moda. La situación ha sido presentada 10 mil veces y seguirá siendo fuente de historias. En realidad, si se observa bien, con unas pocas variantes es lo mismo que se ha presentado en exitosas telenovelas latinoamericanas como Nuevo rico nuevo pobre o Los Roldán (o la versión colombiana Los Reyes): un choque de dos mundos presentado a través de la inversión de roles sociales.
Lo que suele suceder y en este caso, El garañón del millón no es la excepción, sino todo lo contrario, es que se recurre al estereotipo en el cual el pobre o el campesino o el cholo, o el clase media baja es un pobre tipo a quien, cuando le llega la fortuna del cielo, cae en todos los errores posibles, se acentúa su mal gusto, su torpeza, su ingenuidad, etc.
En la comedia original, el Compadre Garañón (Fernando Villarroel) no es de ninguna manera un ingenuo.
Sin embargo, en la telenovela es el paradigma del "buen salvaje", de aquel sujeto puro y de buenos sentimientos que le toca afrontar un mundo complicado y muchas veces mal intencionado, con un costal, una camisa floreada y una radiograbadora como armas.
¿Más estereotipos? Los peores están en los personajes femeninos: se dividen en secretarias de súper cortas minifaldas (Sofía Caiche) que hablan de lo "grande que les gusta los escritorios" y feas que son brujas malas. Las comadres de la comedia, las empleadas domésticas y otros personajes tienen poco peso en la historia central.
Y así, sin mayor novedad, transcurre capítulo a capítulo una telenovela con éxito en sintonía, pero que de ninguna manera marca historia. De hecho, si se busca una historia, habrá que encontrarla en otro lado.
Se busca escritores
En cualquier caso, el éxito de El garañón del millón es una buena noticia porque significa que la producción dramática en el país va a seguir creciendo. Con un presupuesto de $9 000 a $14 mil por capítulo (como declararon a la prensa los productores), es necesario una gran rentabilidad para mantener con vida una serie.
Sin embargo, el alargamiento ficticio demuestra también que muchas veces se apuesta a explotar la gallina de los huevos de oro hasta casi matarla. Y todo esto tiene un nombre: ausencia de cantidad y variedad de escritores en nuestra televisión. Ese es quizás el mayor de los males.
En el caso de El Garañón del millón hay capítulos enteros en que el protagonista, Compadre Garañón se pasa en una sola escena de diálogo en su pequeña oficina y como variante apenas se lo ve tomando un vaso de agua en la cocina de la casa mientras monologa. Poca cosa, para capítulos de 40 a 45 minutos.
Hora GMT: 21/Septiembre/2008 - 05:29
