Marlon Puertas
mpuertas@hoy.com.ec
Siempre he pensado que la fiesta revolucionaria durará hasta que se puedan pagar los tragos y la orquesta. Los invitados, al ver que los meseros dejaron de darse vueltas con sus charoles y se aprestan a levantar los manteles, se van. Los bailarines, al percatarse que se paró la música, buscarán otra fiesta. Los más afectados por la farra irán a su casa a pasar la resaca. Todos querrán asistir a la próxima celebración.
La vida es cruel, pero es así. Al Gobierno le costará convencerse de aquello, pues durante más de cinco años creyó haber formado un ejército de ciudadanos revolucionarios, al estilo cubano, que no dudarían en fajarse con quien sea con tal de defender el proyecto verde.
El tiempo que se viene será el ideal para saber si tenían razón. Una vez que el chorro interminable de recursos se detenga con el mismo freno que se aplicó a los precios altos del petróleo, veremos con cuántos patriotas de su estilo contamos.
Al empezar los ajustes tan repudiados de antes, pero necesarios ante la realidad, comprobaremos si todo lo recibido durante cinco años será suficiente para tener paciencia y comprensión con el papá Gobierno o si, al contrario, los hijos malcriados le exigirán más, se pondrán bravos, gritones, alzados, porque ya se acostumbraron a que les lleven el desayuno a la cama, servido en forma de bono.
Ya veremos también si la inmensa burocracia que se contrató se resignará con las explicaciones de un Ministerio de Finanzas que a todo dará una salida disfrazada, que no tenga que ver con dinero, por supuesto.
Anticipándose a esto, el joven ministro revisó la balanza comercial y constató que nuestra riqueza se va a las potencias, que nosotros seguimos vendiendo lo mismo, que en cinco años no se ha desarrollado ninguna industria en serio y que, como siempre, seguimos siendo un país de productos primarios que vende un dólar pero compra diez. Por eso, los viajeros ya no se pueden traer celulares, televisores. Comienzan con los pequeños.
Será entonces que, tal vez, se piense en acudir a los amigos, que nunca han servido para mucho, pero podrían ayudar en una emergencia. Pues no. Solo comprobarán, horrorizados, que sus camaradas están peor que ellos. Igual de quebrados, enfermos, débiles políticamente y con un respaldo popular en duda, probablemente por las mismas causas que tenemos aquí.
La disyuntiva revolucionaria será, entonces, regresar la vista a los enemigos, al imperio. Ese mismo imperio que ahora observa, vigilante, cuál será el siguiente paso que dará Ecuador en el pedido de asilo que hizo uno de sus tantos enemigos públicos, hoy refugiado en nuestra embajada de Londres.
Por lo pronto, sería conveniente que alguien nos hable con franqueza y nos explique cuáles son sus planes. Dónde están y en que consisten, que nos digan cuál sera nuestra salida a una situación que se nos viene amenazante para todos, que nos tranquilice y nos sorprenda con respuestas inmediatas. Seguro que están listos, porque han tenido todo el tiempo del mundo para prepararse. Seguro, porque se las saben todas.
Autor: Marlon Puertas - mpuertas@hoy.com.ec Ciudad Quito







23/Junio/2012 a las 11:48
Eso es la verdad Sr Puertas, ya saldran losbeneficiarios del bono a insultarlo durante este dia, no hay que hacerles casom a estos oportunistas que por defender a su amo son capaces de todo, pero no son ni mas ni menos que los perros rrunas que salen corriendo con rabo entre las patas.
23/Junio/2012 a las 18:19
Por la plata baila el perro, por el bono todo vago convertido en tonto útil por la palabrería del clásico imitador de vendedor de calle. Lo que se pregunta el mundo es: ¿que hará el "mejor presidente del Ecuador" (ocurrencia elevada a categoría), cuando le retiren la autorización de la utilización de mister dólar? ¿Será por eso que muchos ya están guardando sus moneditas debajo del colchón? La gente no es tonta…