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El fin de la transición

Publicado el 14/Abril/2009 | 00:07

Por Felipe Burbano de Lara


fburbano@hoy.com.ec

A Rafael Correa se le perdonan muchos errores y se le pasan por alto decisiones y actitudes que, en otros momentos, habrían provocado severos daños a la popularidad de un presidente y a las condiciones de gobernabilidad. Se le ha dado más tiempo y espacio que a otros políticos que han llegado a Carondelet con parecidas ofertas de cambio. ¿Por qué se le ha otorgado a Correa un margen tan amplio de acción? Hace un par de meses, un organismo internacional contrató a una empresa local para que hiciera un estudio en profundidad sobre la opinión de los ecuatorianos en torno a Correa y su Gobierno. La investigación quería saber justamente por qué el presidente estaba tan blindado a las críticas, por qué nada afectaba a su imagen ni a su credibilidad. La conclusión más interesante del estudio –efectuado a partir de grupos focales en cerca de 20 ciudades- fue que el país había concedido a Correa una suerte de licencia política para que pudiera concretar los cambios ofrecidos; que el cambio no podía venir de la noche a la mañana, y que era necesario, en consecuencia, dar un tiempo al presidente. La segunda conclusión fue que los ecuatorianos consideraban a Correa un político comprometido con el cambio, razón por la cual se le podía dar esa licencia política.

La idea de transición resulta clave para ubicar el momento en el que se encuentra el país ante las elecciones del próximo 26 de abril. Si bien el triunfo de Correa y de Alianza País se da por descontado, lo que está en juego es el fin de la etapa de transición, el inicio de un período de normalización política bajo nuevas reglas del juego, y la reducción de los márgenes concedidos a Correa. El discurso de la revolución siempre habló de un proceso por etapas: la primera nos llevaría a la Asamblea Constituyente de plenos poderes; la segunda sería la Asamblea misma y la nueva Constitución; y la tercera, el momento de la refundación nacional con la puesta en escena del nuevo orden político. Las elecciones del 26 de abril marcarán el inicio del tercer momento.

Resultaba claro del estudio que la transición no podía extenderse ad infinitum y que la licencia concedida a Correa tenía un plazo y un mandato definidos. Si en estos dos años, los partidarios del cambio han tolerado y perdonado casi todo, se debe justamente a ese anhelo de transformación del pasado que se impuso en el imaginario político. El fin de la transición provocará cambios sustanciales en las relaciones de la sociedad con Correa y el Gobierno: menor margen de acción, mayor demanda de transparencia y rendición de cuentas, y resultados más claros en la gestión.

A la vez, el discurso oficial no podrá seguir apelando indefinidamente al cambio para justificar todo. Los errores tendrán otra dimensión, los opositores, otros espacios, y su conducta, otras respuestas y reacciones. Desde el 27 de abril ya no se lo tratará como a un presidente y a un Gobierno de transición, sino como a un presidente y a un Gobierno en pleno ejercicio del poder. Será el regreso a la normalidad política, pero bajo nuevas reglas y con nuevas exigencias sociales.

Hora GMT: 14/Abril/2009 - 05:07

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Comentarios

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  1. 1 María Elena Torres

    Creo también que el ecuatoriano promedio (el mass media) ve en Correa la posibilidad de obtener revancha, de cualqier tipo, pero revancha al fin. Hay mucha ignorancia, resentimiento social y clasismo en la población ecuatoriana que apoya al mandatario.

    Parecieran ser muchos, pero poco a poco noto un sensible desenso en la simpatía hacia el presidente. Cada día son más los ecuatorianos que antes eran correístas ciegos, y ahora tienen dos acatitudes: el silencio o la desaprobación total al mandatario.

    Muchos correístas, ej. los que escriben en este medio, arremeten con agresiones dirigidas a personas a las que descalifican e increpan por pensar diferente a ellos. Pero incluso en su discurso hay un cambio. No son argumentos son frases típicas de un discurso sesentero comunistoide de poca valía.

    Estos fanáticos son permisivos y no tienen claro lo que quieren, hablan de un cambio, pero éste es amorfo, no se concreta, porque ni el mismo presidente sabe de qué se trata. Cae en lo que caen todos los contendores: ofertas, demagogia, abuso, grosería, populismo al mejor estilo Bucaram.

    Creo que el tiempo para medir la efectividad de correa y su grupo de ineptos entró en el conteo regresivo: 10, 9, 8... y llegará a su fin. ¡Ojalá!

  2. 1 Pepe Ramirez Gavilanes desde - Guayaquil

    Muy realista el analisis del articulista,la tercera etapa Correa desde el 27 de abril,sera determinante para la alternativa popular.Ejersera el poder sin reparos y tendra su entorno una DEPURACION minuciosa,que garantice la calidad de un Presidente a la medida de sus mandantes.Hay que prepararse que en efecto la TRANSICION ha terminado.

  3. 1 juanperez desde - quito

    la señora torres expresa un desprecio a todos los que no piensan como ella. Supondríamos que pertenece a los minúsculos grupos que manejaron el país a su antojo y que ahora se ven afectados por decisiones que benefician a las mayorías. Si es así, es comprensible su posición, aunque intrascendente, pues pertenece a una minoría absoluta, no solo a nivel nacional, sino mundial.
    Pero de no ser así, como suele ocurrir con frecuencia, pertenece al grupo de ilusos que cree -con frecuencia hasta la vejez- que algún día podrán ingresar al exclusivo grupo de los dueños del país, convirtiéndose en esbirros intelectuales de ideologías que frecuentemente ni entienden. Adoptan eso sí la prepotencia e imponencia de aquellos. Ejemplo: de dónde saca la sra torres que hay un sensible "desenso" (sic, quizás quiso decir descenso) en la simpatía al presidente? No ha visto los resultados en las urnas? vive en el exterior, seguramente, epro ello no le da derechas a esas afirmaciones tajantes.

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