La Constitución que actualmente nos rige estatuye en su primer artículo que: El Ecuador es un estado social de derecho soberano, unitario, independiente, democrático, pluricultural y multiétnico...; y, más adelante, en su artículo 83, que se refiere a los derechos colectivos, expresa: Los pueblos indígenas, que se autodefinen como nacionalidades de raíces ancestrales y los pueblos negros o afroecuatorianos, forman parte del estado ecuatoriano, único e indivisible
Fue sabia la Constituyente de 1998 cuando, frente a la presión de los pueblos indígenas para que se los reconozca como naciones zanjó el tema comenzando por definir al Ecuador como un estado en el que conviven y se desarrollan multiplicidad de culturas y etnias, porque esa sí es una realidad histórica innegable y, además, una de las virtudes y riquezas de nuestra sociedad. Pero, más sabia fue cuando hizo mención a que esos pueblos se autodefinen como nacionalidades. Quedó muy claro aquello que eso de atribuirse la calidad de naciones constituye un acto de voluntad de esas organizaciones más que un atributo conceptual, pues es una realidad que las diversas y fragmentadas parcialidades de nuestro indigenado no constituyen naciones en la exacta concepción de ese término por las ciencias sociales.
Si hasta en la propia dirigencia indígena existe la conciencia de que la utilización de la palabra nación obedece más a una estrategia que a una realidad conceptual, ¿cuál es el propósito de insistir con tanta vehemencia en que conste en la Constitución la plurinacionalidad del Estado? Es una evidente realidad que el reconocimiento de los derechos históricos en materia territorial, cultural y en todos los demás aspectos que atañen a los indígenas ni aumentarán ni disminuirán si se los considera como naciones ¿Qué carta oculta es entonces la que se juegan estos pueblos exigiendo que se los reconozca como tales?
Cualquiera que sea esta carta, la anterior Constituyente sí se puso en guardia y dedicó al tema el correcto tratamiento. La actual Asamblea, con más carga ideológica y menos responsabilidad histórica, ha abierto la posibilidad de aceptar la plurinacionalidad y con ello nos está empujando a todos a dar un salto al vacío, pues no sabemos si en el futuro las pretensiones de ciertas naciones podrían dar al traste con la unidad territorial del Ecuador.
Desde esta columna rechazo el que se declare al Ecuador como Estado plurinacional; tanto porque ello es una falacia, cuanto porque constituye un serio peligro para la indisolubilidad del Estado ecuatoriano.
Hora GMT: 23/Abril/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Enrique Valle Andrade
