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El derecho a la educación

Publicado el 17/Febrero/2008 | 00:00

Es obligación del Estado asegurar la educación a todos los niños y niñas del país y, velar porque sea de la más alta  calidad, para que incida en el desarrollo de todas sus potencialidades. Asimismo constituye su deber preocuparse no solo por la educación básica, sino por aquella que responda a  las exigencias de la vida moderna y se transforme en una verdadera fortaleza, al incorporar como política general, el estudio de  ciencia y tecnología, idiomas y artes, y superar la exclusión digital.

La inclusión del esquema de alfabetización como requisito para la obtención del bachillerato por parte de  los alumnos que están por concluir la educación secundaria es, a más de una actitud solidaria con la comunidad, un patrón de investigación sobre profundas causas de la pobreza e inequidad de la sociedad.

Para el efecto, a  los alumnos de Quinto Curso se les ha provisto como material de base para su labor de alfabetización, los mismos libros que se están utilizando en el Programa Nacional de Educación Básica a cargo del Ministerio de Educación, bajo el lema “Educamos para tener Patria”, lo cual resulta coherente; sin embargo,  es de lamentar que en el libro Nuestro trabajo, en la Lección 24, ‘Sigamos restando’, se muestre como ejemplo para el aprendizaje el siguiente: “Don Guido tiene 885 trabajadores en su fábrica El Explotador y decide despedir sin motivo alguno a 254 de ellos. ¿Cuántos obreros se quedarán trabajando en la empresa?”. Es lamentable insisto, porque de este modo se desnaturaliza  una noble causa y se empaña, con un mensaje engañoso, una gestión destinada a ser positiva. Es evidente que se distorsiona el  propósito de  enseñar a restar, al enviar un mensaje subliminal en contra del empresario, del dueño de fábrica y del empleador.  Estoy segura que de estos artilugios desconoce el ministro de Educación, hombre inteligente y versado en las ciencias y estrategias de la educación; empero, alguien o algo están detrás de estos hechos. Si los contenidos de las asignaturas contienen mensajes de esta índole o que de cualquier otra forma atenten contra los valores de una comunidad solidaria y respetuosa de los derechos ciudadanos, se estaría deformando la mente de los niños.

En países cuyo sustento esencial es el respeto, la sola  insinuación que desfigure hechos, o la tergiversación de conceptos, desproporción en las apreciaciones, alteración de ideas, pensamientos u opiniones; o conjeturas antojadizas, especialmente si se observan en el campo educativo,  darían margen a una objeción de la conciencia colectiva.

En consecuencia, es necesario proponer para la nueva Constitución, que se garantice el  derecho de los padres y de la sociedad al control de las escuelas y sobre los contenidos y la calidad de la educación, así como respecto del desempeño escolar de sus hijos, que constituye en última instancia el “producto” del proceso educativo.

Hora GMT: 17/Febrero/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Elsa de Mena

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