Señor coronel:
Aparentemente, usted jugó las cartas más arriesgadas el pasado miércoles, cuando, en una rueda de prensa y en una presentación televisiva, anunció que su Gobierno, instrumentalizando la Agencia de Garantía de Depósitos (AGD), estaba dispuesto, ahora sí, a cobrar las deudas de la familia Febres Cordero al Estado. La cifra que difundió es gorda y voluminosa, nada más ni nada menos que $110 millones.
He escuchado decir que, por ello, usted prácticamente cavó su propia tumba, pues León Febres Cordero, el líder más visible de la oposición, no lo perdonará. Bueno, quizás usted ya estaba condenado por él desde antes, pero lo que muchos ven como la utilización de un enlace de televisión, ordenado por el Gobierno, para atacar a una familia como la mencionada, no se lo van a perdonar, en particular el ex presidente, conocido por la proyección de su hígado en la vida política del país.
Es decir, usted ha quemado las naves, señor coronel. Quiere decir que ya no tiene forma de regresar a puerto seguro. De aquí en adelante, todo será un mar proceloso y la amenaza constante de naufragio.
Lo curioso es que, a pesar de que usted conocía de esas deudas y sabía también de los pecados febrescorderistas en el Gobierno socialcristiano, no obstante ello, digo, mantuvo una alianza con el Partido Social Cristiano desde agosto de 2001 y, además -según se desprende de su disposición de separarlos- dio empleo a familiares y allegados de León Febres Cordero para que hicieran negocios en Pacifictel, Petroecuador, Corporación Financiera Nacional, y en los Ministerios de Economía y Agricultura.
Aunque extremadamente arriesgada, su denuncia constituye una hábil maniobra política, pues intenta polarizar al Congreso Nacional y a la opinión pública en momentos en que se plantea un juicio político en su contra. El mensaje es simple: me enjuician porque voy a cobrar las deudas a la oligarquía de Guayaquil -en el imaginario colectivo el ex presidente Febres Cordero es, tal vez, la mayor expresión del poder de los grupos económicos de esa ciudad-.
En este punto es inevitable tocar el asunto de la credibilidad, que se lo he mencionado en otras oportunidades. En la opinión pública, no se disipa la duda: ¿su anuncio es una treta política o, en realidad, existe la predisposición de cobrar las deudas de los deudores de la banca cerrada?
En lo que va de su Gobierno, su interacción con grupos poderosos en lo político y en lo económico se ha manifestado como un constante forcejeo, un juego de chantajes mutuos y una sucesión interminable de amenazas. De ahí no ha pasado y, por ello, su Gobierno, como los que lo antecedieron, no pudieron librarse de aquello que se denomina poder real en la banca, en los partidos, en los grupos empresariales y hasta en la diplomacia.
Ahora, usted promete que va a cobrar lo poco que queda. Independientemente de la circunstancia política, el país debe tomarle la palabra. Si no cobra, bueno, será una mancha más al tigre de las decepciones y desengaños, una oferta incumplida más. Pero, si lo consigue, quizás ello repare su imagen deteriorada en las encuestas de carne y hueso, como las del 17 de octubre anterior.
En todo esto, creo que tiene muchos recursos, todavía, para evitar una censura y destitución tras el juicio político que han iniciado sus enemigos. Es decir, que lo puedan destituir ya no debe preocuparlo, señor coronel. Sí cómo quedará el país después del espectáculo.
Hasta el próximo sábado.
Hora GMT: 06/Noviembre/2004 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Diego Cornejo Menacho
