En 18 ediciones, es la primera vez que nadie se lleva el Gran Cóndor de Oro. Se identifica poco riesgo en los anunciantes y creativos
“Mario, decidimos no premiar lo mejor, sino lo bueno, porque es la mejor manera de respetar este premio y hacer que crezca”. La frase, de Álvaro Fernández, presidente del jurado calificador de los premios Cóndor de Oro 2005, resumió todo lo sucedido el nueve de julio en el Salinas Yatch Club. Previamente Mario Benavente, presidente de la Asociación Ecuatoriana de Agencias de Publicidad, había dicho que se iba a premiar lo mejor de la publicidad en el Ecuador. Aquella corrección fue solo la antesala de lo que les esperaba.
El Gran Cóndor de Oro fue declarado desierto. El jurado integrado por Martín Mercado, vicepresidente y director general creativo de WM Red Cell en Argentina y ganador de un León de Plata en Cannes 2002; Carlos Betancourt, director general creativo de McCann Erickson en Uruguay; y Álvaro Fernández, vicepresidente y director general creativo de Lowe Aguila & Bacceti y jurado del Festival Iberoamericano de Publicidad, Fiap 2005, comentaron, desde su llegada, que no venían a “regalar” premios, y realmente así fue. En años anteriores se han repartido entre 60 y 78 premios incluyendo las menciones. Este año, se entregaron solo 44.

Escasez de premiados

De los 21 cóndores entregados, siete fueron para Norlop Thompson. La agencia reivindicó a la categoría radio con la pieza Cómo me dueles del anunciante Unicef, que llamaba la atención sobre el abuso sexual infantil, esta temática le hizo ganar un Cóndor de plata en la categoría Multimedios, con Hermanas, en la que dos niñas con una diferencia de edad no mayor a 10 años viven situaciones que compartirían dos hermanas. Luego se las ve almorzando y la más pequeña le dice a la otra “ya no quiero (comida), mami”. Al final, “Tres de cada 10 menores de edad son abusados sexualmente en el Ecuador”. Koenig & Partners fue la segunda más premiada con dos cóndores de oro y tres de bronce. McCann Erickson, cuatro; Rivas Herrera, dos; La Facultad, dos y Qualitat, uno. Los premios al mejor anunciante, excelencia en producción musical, televisión e impresión se declararon desiertos. El premio a la excelencia fotográfica fue para Luciano Koenig por Transplante de Vértigo Films. Se entregó también un cóndor a Cecilia de Koenig por la organización del concurso por tres años consecutivos.

¿Qué pasó?
“A nosotros no nos llamaron para ser simpáticos, sino para ser honestos, la idea es dar premios a quien realmente lo merezca”, comentó el jurado Carlos Betancourt, quien a la vez calificó con cuatro (sobre 10) a la publicidad en el Ecuador: “Esto no es una ciencia, es una forma de comunicación en la que siempre hay que crecer”. Esta experiencia sentó un precedente nunca antes visto en la historia de la publicidad ecuatoriana aunque en otras partes del mundo sí se han dado estos casos, según Jorge Herrera, gerente general de Rivas Herrera.
Los involucrados coinciden en que los anunciantes también deben correr más riesgos: “Todavía se busca reafirmar lo clásico, todos hemos tenido que convencer al cliente para que deje publicar algo no convencional”, comenta Álvaro Fernández, quien insiste en que hay madera, pero solo falta empeño por parte de los creativos.

Localización
Gustavo Rey, gerente general de Qualitat & Lowe considera acertada la decisión ya que así se busca un mejor nivel en la publicidad. Rey fue jurado en Fiap hace 13 años y afirma que la escasez de premiados no es poco común y que este tipo de experiencias ayudan a buscar la excelencia. El Ecuador ha sido invadido con publicidades de multinacionales que funcionan como una estrategia de posicionamiento mundial, “El mercado no da para grandes producciones, no es lo mismo una población de 13 millones de habitantes a una de 100, que seguramente genera un consumo que justifica la inversión”. Estas originan mayor presión en el creativo y dan mejores resultados. Jorge Herrera considera que las marcas mundiales no pueden estar ausentes de lo que sucede en cada uno de los países donde tienen presencia: “Debe haber un eje central de comunicación pero debemos adaptar localmente ideas propias, situar al mercado ecuatoriano en ese contexto”. Para el jurado Martín Mercado, en el Ecuador falta que los avisos tengan algo que los identifique como ecuatorianos. Las agencias están pendientes de contar cuántos cóndores reúnen en su escritorio”. Lo importante, según Mercado, es que Ecuador conozca su fortaleza y la explote. David Armendáriz, creativo de Rivas Herrera y ganador del Gran Cóndor de Oro el año pasado reconoce que los publicistas se quedaron con el sinsabor de no tener el Gran Cóndor y ve la situación como una alerta ya que el Ecuador había llegado a un momento en que creía que estaba haciendo las cosas bien, y “Cuando se llega a esa situación se empieza a decaer”, afirma. Ciertamente la publicidad ecuatoriana recibió una lección este año, que seguramente fue recibida como una crítica constructiva. Solo resta esperar que el cóndor, el próximo año, pueda encontrar un nido que lo merezca.