La Propuesta que se trata en la Asamblea habla de "naciones"
En la actual Constitución, al definir al Estado ecuatoriano se señala que este es social de derecho, soberano, unitario, independiente, democrático, pluricultural y multiétnico. De la soberanía se dice que esta radica en el pueblo, cuya voluntad es la base de autoridad, que ejerce a través de los órganos del poder público y de los medios democráticos previstos.
En uno de los primeros textos conocidos sobre la nueva Constitución, elaborado por la Mesa 9 de la Asamblea Constituyente, se propone una ampliación del concepto de soberanía, con respecto al texto constitucional de 1998.
La idea que han esbozado los asambleístas de Alianza País es que la soberanía se entienda no solo como la defensa de lo territorial, sino también de lo ambiental, económico, jurídico, político y alimenticio.
Se plantea además entregar la soberanía al pueblo, el cual tiene la atribución de "autodeterminarse" y "autoorganizarse", con la potestad de crear y transformar las instituciones que "instaure nuestro autogobierno".
Y todo lo anterior sin "intervención de potencia extrajera alguna". Se habla también de naciones en lugar de nacionalidades.
El texto aún será objeto de revisión por parte de los otros asambleístas antes de que sea aprobado por el Pleno del organismo, pero desde ya ha generado controversia (PBM).
Ecuador, ¿un país con varias naciones?
La Mesa 9 analiza un texto que plantea, entre otras cosas, una modificación en el concepto de soberanía que consta en la Constitución
Uno de los primeros textos conocidos sobre la nueva Constitución es el elaborado por la Mesa de Soberanía, Relaciones Internacionales y Defensa Nacional, sobre la soberanía. Este concepto es el primer texto constitucional que aprobó la Mesa 9. El pasado miércoles 13 de febrero, el texto fue suscrito por 10 vocales principales y tres representantes alternos.
En la actual Constitución, al definir al Estado ecuatoriano, se señala que este es social de derecho, soberano, unitario, independiente, democrático, pluricultural y multiétnico. En cuanto a la soberanía, se dice que esta radica en el pueblo, cuya voluntad es la base de autoridad, que ejerce a través de los órganos del poder público y de los medios democráticos previstos.
Pero en la Mesa 9 de la Asamblea, en la redacción de este texto se incluyen varios elementos nuevos con respecto al texto constitucional vigente; algunos de ellos han llamado mucho la atención de constitucionalistas y de algunos asambleístas.
El texto propuesto, que aún será objeto de revisión por parte de los otros asambleístas antes de que sea aprobado por el Pleno del organismo, también propone una ampliación del concepto de soberanía, con respecto al texto constitucional de 1998.
La idea que han esbozado los asambleístas de Alianza País es que la soberanía se entienda no solo como la defensa de lo territorial, sino también de lo ambiental, económico, jurídico, político y alimenticio.
El documento hace énfasis en la capacidad y autonomía del pueblo para organizarse y dotar de los órganos para un nuevo gobierno.
Se plantea entregar la soberanía al pueblo, el cual tiene la atribución de "autodeterminarse" y "autoorganizarse", con la potestad de crear y transformar las instituciones que "instaure nuestro autogobierno". Y todo lo anterior sin "intervención de potencia extranjera alguna".
La Constitución de 1998 indica que la "soberanía radica en el pueblo". Sin embargo, no se le entrega el poder de "transformar" directamente. En esta Constitución se topan los temas de la libertad, indivisibilidad del territorio, etcétera.
La propuesta presentada en la Mesa 9 resalta la responsabilidad que tienen los ciudadanos, hombres y mujeres, comunidades, pueblos y naciones de buscar un desarrollo y bienestar común, basados en el principio de libertad. Mediante la adquisición de un compromiso, los ciudadanos deben asegurar la integridad territorial y de la diversidad cultural e identidades.
"La soberanía somos los ciudadanos, comunidades, pueblos y naciones del Ecuador, sin la interferencia o intromisión de potencia económica o de otro tipo", explica el asambleísta Paco Velasco (Alianza País).
El texto aclara que una forma de ejercer la soberanía está en la resistencia a cualquier tipo de colonialismo, imperialismo , por lo que buscarán participar en la creación de un sistema "justo y equitativo".
El documento también habla de "naciones". Hasta ahora, se había reconocido la multiplicidad étnica y cultural, pero no de nacionalidades, y menos de naciones,
"Partimos desde la primera persona del plural, con el afán de comprometer e involucrar a todos. Incluso la Constitución de Estados Unidos tiene ese principio", indica Velasco, quien ha admitido que los cambios van desde la misma redacción.
Con este último criterio sobre las "naciones del Ecuador" no concuerda el asambleísta de la Red Ética y Democracia y miembro de la Mesa 9, el coronel en servicio pasivo Luis Hernández.
"En el Ecuador no hay naciones, sino nacionalidades y pueblos", opina. Considera que este texto debe ser modificado cuando sea analizado en el Pleno de la Asamblea. (PBM-MP)
El texto del concepto de soberanía
La mesa 9, de Relaciones Internaciones y Defensa Nacional, discute el tema
"Nosotros, ecuatorianos y ecuatorianas, asumimos y ejercemos la soberanía como nuestra capacidad para organizarnos y autodeterminarnos como sociedad, para crear y transformar los órganos de poder y las instituciones que instauren nuestro autogobierno, sin la intervención de potencia extranjera alguna.
Ratificamos que la soberanía del Ecuador radica en nuestros ciudadanos y ciudadanas, comunidades, pueblos y naciones, quienes estamos comprometidos en la construcción de un proyecto de vida en común que guíe nuestros pasos, garantice nuestra libertad, nuestro bienestar y nuestro desarrollo individual y colectivo, salvaguarde la plena integridad de nuestro territorio, proteja y promueva la diversidad de nuestras culturas e identidades, preserve nuestro patrimonio cultural y natural, estimule nuestra integración con los países andinos, con la comunidad latinoamericana y mundial y, en las actuales condiciones de la humanidad, nos permita participar positiva e igualitariamente en las grandes decisiones que afectan al mundo en su conjunto.
Afirmamos que, en un mundo atravesado por grandes asimetrías, solo podemos ejercer nuestra soberanía en la resistencia a cualquier forma de colonialismo, neocolonialismo, imperialismo y hegemonía de las grandes potencias y de los poderes económicos transnacionales, participando creativamente en la construcción de un orden mundial justo y equitativo, en solidaridad con todos los pueblos de la Tierra".
"La Asamblea no debe centrarse en concepto"
La Conaie no cree que la Asamblea pueda garantizar la soberanía para los pueblos y nacionalidades indígenas del Ecuador
"Para el ex ministro de Gobierno Mauricio Gándara, en el concepto de soberanía que maneja la Mesa 9 "han metido casi toda la Constitución, es una revolución del concepto de soberanía. Los "tratadistas" deben estar asombrados", dijo.
"La soberanía no es sino el poder que tiene el pueblo en el Estado u orden democrático, y como esa autoridad no la puede ejercer totalmente el pueblo, se debe delegar mediante leyes a las funciones del Estado y las autoridades".
Agrega que no se puede salir a decir que estamos contra el colonialismo, ya que "si uno es soberano nadie le manda". El concepto de soberanía que maneja la Asamblea "es un discurso, y no por ponerlo en la nueva Constitución va ha aumentar el poder del pueblo", acota.
El constitucionalista Gustavo Medina, por su parte, señala que "se está abusando en el uso del término soberanía, que en lo político tiene que ver con el Estado, y que entraña la autoridad de ese organismo para dictar las leyes, hacerlas cumplir y defender el respeto y la integridad nacionales".
La soberanía por su propia naturaleza "ni se compra ni se vende. Hay que tener cuidado en la utilización de ese termino con agregados que podrían desnaturalizar la esencia de ese concepto político constitucional".
Añade que la soberanía se refiere a los tres elementos fundamentales: población, territorio y gobierno. "Lo que hay que hacer es reafirmar la soberanía. No hace falta llenar de conceptos a la Constitución ya que aquellos están en los textos de Derecho Constitucional y Político".
Según Miguel Guatemal, vicepresidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), para los pueblos indígenas, el concepto de soberanía propuesto por la Asamblea no garantiza ese derecho.
Guatemal considera que deben tratarse los temas de la soberanía territorial, alimentaria, de los recursos y no centrarse en un concepto.
"Por eso no vemos que se puede garantizar una verdadera soberanía para los pueblos y nacionalidades indígenas", asegura.
Acota que actualmente no se aplica el principio de soberanía en el campo territorial, como ejemplo tenemos lo que pasó con los taromenane".
"Nosotros hablamos de una autonomía de los territorios, de la administración y nacionalidad de cada pueblo". En la Asamblea no están respetando nuestros derechos, nuestra identidad, nos quieren poner a todos como "ciudadanos", denuncia.
Aclara que una forma de atentar contra la soberanía alimentaria es la creación de grandes proyectos hidroeléctricos, que disminuirían el suministro de agua a los pequeños agricultores, "con eso se perjudica el abastecimiento de productos a las grandes ciudades. Se planifica realizar una asamblea nacional indígena para tomar decisiones frente a la exclusión de nuestras propuestas", concluye. (MP).
Por Ana María Correa, Articulista de HOY
La soberanía reactiva, algo retrógrado en el Siglo XXI
La retórica puede distraer
Da la impresión que la tarea de sepultar a la larga noche neoliberal en la Asamblea es por sobre todas las cosas un ejercicio retórico, en donde cada palabra desafía al supuesto orden de cosas a vencer. Al leer y releer el concepto de soberanía que se trata en la ANC, a uno le queda la impresión de que este primer producto declarativo no deja ningún concepto verdaderamente contemporáneo sobre qué es la soberanía en el siglo XXI, cómo la ejerce un Estado. Sobre todo sorprende además este novelero concepto, pues no le corresponde al texto constitucional, no es un diccionario, y no le corresponde definir qué se entiende por soberanía.
El afirmar que la soberanía solo se puede ejercer en la resistencia al colonialismo, neocolonialismo y hegemonía del imperialismo y de los grandes intereses transnacionales, parece desconocer el mundo actual en donde las relaciones entre los Estados son todo menos lineales, y en donde una dinámica interacción teje un complejo entramado de relaciones interestatales, supranacionales y subnacionales entre y a través de los Estados. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, las relaciones entre los países soberanos del mundo son absolutamente interdependientes, y difícilmente se puede concebir a un Estado exitoso, que haya sido capaz de prescindir de esas relaciones, por más soberano que declare ser.
Más aún, el concebir a la soberanía de esta forma, termina resultando contraproducente y anacrónico, pues parte de una concepción tremendamente reactiva, que únicamente se plantea en relación a potencias hegemónicas, transnacionales, entre otras, en lugar de asumir una visión de futuro que piense en una inserción verdaderamente soberana en el mundo globalizado.
El mundo en el siglo XXI ciertamente tiene rasgos profundamente conflictivos, que aún están lejos de ser resueltos. Sin embargo, nadie puede olvidar que luego de haber pasado por dos guerras mundiales, los Estados han aprendido las virtudes de la cooperación económica, del dinamismo del comercio global, en suma de la gobernabilidad global y de la interdependencia. Por tanto, sería absolutamente retrógrado para el Ecuador plantear a la soberanía reactiva y no propositivamente.
Adicionalmente, los asambleístas parecen haber olvidado que el Ecuador es signatario de varios convenios y tratados internacionales, que están por encima de la Constitución. Un Estado que afirma que es soberano, y a su interior comete atroces violaciones contra los derechos humanos, por ejemplo, sería un pésimo ejemplo de este concepto de soberanía llevada al extremo. Ser soberano en el siglo XXI debería ser sinónimo de inserción virtuosa en el mundo, de aprovechamiento pleno de las capacidades del país, y de respeto a la autodeterminación de los pueblos y a los principios del derecho internacional. Cualquier retórica adicional no solo que distrae, sino que puede remontarnos al pasado anterior a la larga y triste noche neoliberal.
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