Columna del Padre Roberto
Por Roberto Fernández
rofer@hoy.com.ec
Muchos sospechan hoy que el celibato tiene los días contados en la disciplina sacerdotal de la Iglesia Católica. No les faltan sus razones, y entre ellas argumentan los escándalos que de vez en cuando trascienden a la prensa, como en estos días a propósito del presidente del Paraguay, Fernando Lugo (que fue obispo católico, reducido al estado laical para actuar en la política de su partido), y las demandas de paternidad que tiene planteadas. Los que profundizan algo más recurren al pasado de la Iglesia y descubren que el celibato sacerdotal no es un mandato de origen divino, sino humano, que se fue implantando de modo progresivo y asimétrico desde comienzos del siglo IV hasta consolidarse como disciplina definitiva en sínodos y concilios sucesivos, de manera que hoy es obligatorio y universal para la Iglesia Católica latina, mientras que la Iglesia Católica oriental -con idéntica inspiración del Espíritu Santo- permite el sacerdocio de hombres casados y reserva el celibato para los obispos y los monjes.
En defensa del celibato, existen también muchas razones de peso. La principal, para mí, es que Jesucristo, supremo sacerdote, es modelo de todos los sacerdotes y Él fue célibe, entregado por completo a la tarea de evangelizar. Y, aunque el celibato no pertenezca a la esencia del sacerdocio (Presbyterorum ordinis, n.° 16), está fundamentado en el misterio de Cristo y de su misión con la que los sacerdotes nos tenemos que identificar. Esta vocación implica ciertos sacrificios, pero también los implica la misma fe cristiana que compartimos todos los bautizados.
A todos nos toca controlar la libido y, entre los extremos de reprimirla o liberarla, no es una mala opción, ni siquiera dentro del freudismo, sublimarla. Así que no es suficiente argumento, para eliminar el celibato, el hecho de que algunos puedan sucumbir bajo su peso, pues tampoco se puede suprimir el matrimonio porque algunas parejas no puedan guardarse mutuamente la fidelidad.
La Iglesia sale mejor a flote, cuando, en las encrucijadas de la historia, sabe apostar por el retorno al Evangelio, que es como entender a Cristo vivo en cada época. Lo entendieron así los grandes santos, y entre ellos encontramos solteros y casados, laicos, religiosos y sacerdotes, pues Dios reparte diversamente los carismas para beneficio de su pueblo. Sin firmeza, difícilmente se podrá ordenar el caos que merodea los valores espirituales de la civilización cristiana, y sin misericordia, será más difícil todavía contribuir a sanar las heridas de nuestra humanidad contemporánea y enferma. Pero lo que sí es seguro es que, en temas controversiales como el celibato, quedarse en actitudes ofensivas o defensivas no ayuda a entender la verdad subyacente al tema, que Jesús, modelo sacerdotal supremo, fue célibe y nos invita a su seguimiento. Dichosos los que apuestan con sinceridad por imitarle también en esto.
Hora GMT: 25/Abril/2009 - 05:11

25/Abril/2009 a las 07:29
Personalmente acogo la idea de que el celibato es una de las más extrañas desviaciones sexuales, incompatible con una personalidad normal.
25/Abril/2009 a las 11:39
El editorial de Simón Espinosa de la semana que termina decia que el celibato "no ha funcionado nunca". Ante esta premisa propia del método inductivo, yo opiné que no solo el celibato no ha funcionado en la Iglesia Católica. Muchos otros dogmas e imposiciones inventados en la Edad Media, no han funcionado en la historia. El Medioevo fue la época en la cual la religión era la reina abusada por la jerarquía para cometer actos de suprema barbarie en su nombre.
Ahora, usted P. Fernández, indica que el celibato no fue un mandato de origen divino, sino humano. Pero afirma que Jesús fue célibe (???!!!) y que su condición es el ejemplo para practicar el celibato. El análisis de la historia en la era de la información ha revoloteado el avispero sobre la cultura judia, en la cual aparece Jesús como un hombre casado, igual que cualquier otro de su época y muchos de sus apóstoles. Pienso que eso tampoco es argumento para ir en contra de la naturaleza humana, a no ser de que se siga practicando la doble moral: la de la prédica versus la de la vida cotidiana. Igual como el ex-obispo Lugo y muchisimos otros que violan el voto del celibato, la pobreza y la obediencia en todas las formas.
Dr. Mario Andrade-Vera, Ph.D.
26/Abril/2009 a las 17:46
Por qué se critican solo los puntos negros de la Santa Iglesia Católica y por qué no se critica la gran pizarra blanca es decir TODO lo que hace la Santa Iglesia??...si, ha cometido errores y grandes pero ha sabido pedir perdon por estos..pero por qué no se toma en cuenta las obras,acciones,misiones,etc que se hicieron, se estan haciendo y se harán???
Bendiciones para todos!!
18/Mayo/2009 a las 23:19
yo pienso que esto no es un mandato divino.. y creo q a todos nos queda claro....
pero si no es una mandato DIVINO... xq se sigue????
yo se que tiene que haber algun sacrificio por parte de los sacerdotes pero yo pienso que a cada uno de nosotros hay algo que nos cuesta trabajo hacer... entonces yo digo que cada sacerdote deberia de tener la libertad para elegir su sacrificio.. pero que no sea el celibato...y quien lo quiera tomar pues muy BIEN ....
yo pienso que cuando se preparan para sacerdotes no se preparan para dejar de ser hombres....
y como seres humanos... como hombres... tienen necesidad de satisfacer sus deseos.. y se oira mal que lo diga... pero yo creo que alguna vez todos hemos sentido la necesidad de satisfacer nuestras ganas... asi como tambien pienso que a los sacerdotes se les debe dejar vivir su vida pues nosotros no somos quien para juzgarlos.... a fin de cuentas son ellos los que se dañan y a nosotros no nos afecta en nada..
GRACIAS