Crítico de TV
Por César Ricaurte
La invitación fue muy escueta: "Ven a ver nuestra última creación". Nada de extravagancias, saltimbanquis, herméticas invitaciones que no te dicen nada. Solo una breve invitación en una cartulina, provocó la atención de gran parte de la humanidad en lo que estaba por suceder en un auditorio de San Francisco.
Y lo que sucedió fue la repetición de una ceremonia que se ha efectuado varias veces en los últimos años para alimentar la idea de que Apple no tiene clientes sino creyentes. Ahí estaba de nuevo Steve Jobs en las pantallas de casi todas las cadenas de televisión de Estados Unidos y muchísimas del mundo. La repercusión y el impacto del lanzamiento compitió con el informe del primer año en el poder de Barack Obama.
El iPad es una especie de iPhone con esteroides. Pero hay que decirlo, el dispositivo es una belleza. Una especie de iPhone horizontal y de mayores dimensiones. En otras palabras, un aparato que ha crecido en todas las formas.
El artilugio tecnológico es lo menos. Como antes ya sucedió con el iPod y luego con el iPhone; la belleza de los artilugios no son más que los anzuelos para conducir consumidores a las tiendas virtuales de Apple. La iTunes Store para música, películas, series de TV, la AppStore para las aplicaciones del "teléfono inteligente" (una verdadera microcomputadora que, además, sirve para hablar) y ahora será la iBooks, dónde se venderán los libros, revistas, periódicos y todos los productos editoriales que se imagen. Sin duda, el negocio editorial, o más aún el negocio de la producción de contenido está por cambiar para siempre. Esa es la importancia de un lanzamiento transmitido por todas las grandes cadenas de TV del mundo. El iPad permite leer libros digitales, pero, además, permite ver programas de televisión, descargar películas, administrar la música y utilizar los mismos programas del iPhone, por lo cual estamos ante una revolución que afectará a todos los formatos con los cuales se difunden contenidos.
Hora GMT: 03/Febrero/2010 - 05:02
