"El cambio continúa". Esta frase de tres palabras es hija de aquella de seis de muy al principio de la primera administración municipal: "Sí es posible cambiar a Esmeraldas". Demasiada larga para ser gritada de un solo aliento. Pero se la inventó para no martillar en frío el metal del descorazonamiento esmeraldeño. El inventor de estos enunciados de acción afirmativa fue Ernesto Estupiñán Quintero, alcalde de Esmeraldas. Él ha repetido, para no dejar dudas, que su liderazgo es contra la anticultura. ¿Qué se entiende por anticultura? Este jazzman se explica mejor con la definición de cultura del escritor afroamericano Amiri Baraka: "Por cultura quiero decir cualquier forma o conjunto de historia humana todavía presente en los hábitos conscientes o inconscientes de los pueblos". Esmeraldas comenzó en algún momento de su última historia a aceptar gran parte de lo que el lenguaje del desprecio regionalista y racista expresaba sobre ella. Y llegó la larga oscurana populista.
La ciudad se hizo famosa por los sucesivos escándalos de corrupción, el inmenso basurero urbano que fue, la incompetencia administrativa, la dejadez cívica de los esmeraldeños, el ejercicio político igualado a oficio de bandido y con lo anterior la frivolidad caciquil. Mucha gente esmeraldeña cambiaba de conversación cuando le hablaban de su provincia y algo parecido a una vergüenza sin término llevaba a otros a negar su procedencia o a disfrazar malas razones con explicaciones ñángaras. Ese fue el conjunto de las expresiones de la anticultura y la insolvencia práctica de lo cultural como motivador político.
Ernesto Estupiñán suele explicar que la disfuncionalidad cultural tuvo como trampa de lenguaje la desconfianza en el esfuerzo colectivo e individual de los esmeraldeños y la parla popular era para automortificarse y legitimar la desesperanza. Fue cuando el alcalde logró con acciones rápidas y efectivas de sanidad pública instrumentar la palabra cambio para enfrentar desmotivación, pero también el inquietante prejuicio en un izquierdista del MPD. Sin contar el peso tradicional del racismo. Aún hoy la adjetivación racial acompaña los insultos de ciertos adversarios al alcalde Estupiñán Quintero.
En el recurso discursivo de las culturas de origen africano (la oralidad), la construcción de frases, como la del título de esta jam-session, es a la vez descubridor de la potencia intelectual y método de aplicación de sabidurías que están a flor de memoria de la gente.
La palabra mágica es cambio y alrededor de ella se produce la recreación cultural de la renovación política. De creerle a Ernesto Estupiñán, y por qué no habríamos de creerle, el portador vivo y combativo de su cultura enfrenta sin tregua a la anticultura y sus representaciones partidistas. Aquellas que quedan sancionadas, de ahora en adelante, como "carroñerismo político".
Hora GMT: 09/Agosto/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Juan Montaño Escobar

16/Marzo/2009 a las 20:50
Seria bueno que el periodista primero investigue al politico en esta caso Ernesto Estupiñan el cual con sus propias palabras se califica siendo el el principal carroñero de la ciudad, sembrando en esta la violencia a quienes to participan o coinciden con su pensamiento creo que es tiempo de cambiar de politicos y dirigentes es decir que en verdad debe ser el primero en cumplir lo que promulga " el cambio continua" que se haga a un lado y de oportunidad a la juventud honesta diferente a lo que el representa