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El cambio

Publicado el 15/Octubre/2008 | 00:08

Por Elsa de Mena

El cambio fue la expectativa que indujo a la votación del referendo, pero no solo para aquellos que votaron por el Sí en una proporción mayoritaria, seguramente fundados en la esperanza de que sus vidas cambiarán en base a las ofertas contenidas en forma de derechos en la nueva Constitución, todas inscritas en el imaginario de las necesidades sociales siempre insatisfechas, aunque otras irrealizables, especialmente por falta de recursos. También para los que votaron por el No o por cualquiera de las otras dos opciones, que albergan la ilusión de ver un cambio de rumbo en el país, no solo en el plano cuantitativo, sino en los comportamientos y actitudes de los gobernantes. Un cambio cimentado en la legalidad, el diálogo, la transparencia y rendición de cuentas, la observancia del debido proceso y, desde luego, en el respeto que conduzca al entendimiento y al consenso.

Es aspiración de todos los ecuatorianos vivir en un Estado de Derecho y con plena vigencia de una democracia que proteja la vida de las personas, sus bienes, intimidad y privacidad. En este sentido, es de esperar que las leyes secundarias expresen los principios democráticos y potencien las diferentes visiones de forjar el bienestar, sin afectar la libertad individual, en un ambiente de trabajo y de dignidad. La democracia consiste esencialmente en la participación libre de los ciudadanos, es ahí donde radica la verdadera grandeza del sistema. Si la patria ya es de todos, no puede ser simultáneamente un campo de batalla: los resultados del referendo jamás debieron ser interpretados como una "paliza" a los ciudadanos que legítimamente habían acudido a ejercer su derecho al voto, independientemente de su posición ideológica. El cambio requiere modificar las conductas de agresividad, para que la comunidad lo perciba como un valor social que le lleve a mirar el futuro con optimismo. Es necesario erradicar lo malo que se ha venido haciendo para buscar el bien común, aquel activo de la sociedad que tiene que ver con las personas, que piensan, sienten y actúan y que exigen comprensión y confianza en una perspectiva y metas deseables.

Hay que aprovechar esa voluntad de alineación para el cambio, sin pretender mutilar la conciencia de los individuos, sino incentivando sus mejores sentimientos de solidaridad y autoestima, proceder a alimentarlo con una gestión pública positiva e incluyente; eliminar recelos comprensibles por la disonancia con un pasado negativo. Se requiere la creación de un clima propicio basado en el respeto a las personas y en la participación social efectiva, real y libre de la manipulación del poder. Se requiere asumir una conducta adulta para encausar el proceso de cambio como elemento razonable para tomar las mejores decisiones. No puede olvidarse tampoco que administrar el cambio requiere la demostración de algunos elementos éticos, ya que se logran mejores resultados elevando la moral pública y la dignidad de los individuos.

edemena@hoy.com.ec

Hora GMT: 15/Octubre/2008 - 05:08

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