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El Bicentenario de Playa de Oro

Publicado el 25/Julio/2009 | 00:08

Juan Montaño Escobar


axe858@hoy.com.ec

La celebración unicultural del Bicentenario autoriza decir que los gestores del festejo del 10 de Agosto de 1 809 mantienen el arcaísmo cultural que lo causó. Por ahí deben tener pelucas y coletas. Doscientos años ya deberían servir para enderezar una república multiétnica que por estos nuevos tiempos revolucionarios todavía va torcida en esos temas.

Ellos no tienen la culpa, los fantasmas de la mala educación son dueños de sus memorias culturales y no las traicionan, no se atreven, a pesar de lecturas antropológicas y proclamas constitucionales. Es posible que haya decisión política, pero le falta calores del corazón para reventar prodigios más prodigiosos que los del fútbol, el único escenario de lo "pluricultural y multiétnico".

Fue conocida en puertos y cortes como la Región de las Esmeraldas, por aquello de los "ríos que manaban" esas preciosidades.

Siglos después, algún rey de España les impuso tributo en oro a los "negros de las minas de Guimbí, San José (del Cachaví) y Playa de Oro".

Este jazzman se apoya en los conocimientos del historiador Juan García Salazar y en la publicación Los Maldonado en la Real Audiencia de Quito, de Piedad y Alfredo Costales, edición del Banco Central del Ecuador, 1987. Ahí se cuenta que don Nicolás de la Peña Maldonado, nieto de Pedro Vicente, combatiente de la Revolución agostina de 1809, escapó hacia la actual provincia de Esmeraldas.

Resumen del relato: Toribio Montes, el represor de los patriotas, persiguió a los alzados, a sol y sombra. Era 1813, en una carta remitida, a revienta caballo, al perseguidor Francisco Gregorio Angulo le alerta: "en las montañas y minas de Cachaví y Playa de Oro, se hallan refugiados Don Nicolás de la Peña… y algunos otros insurgentes principales". Resistieron como pudieron y con aquello que tuvieron al alcance de la mano, hasta a trompada limpia. ¿Solitos, al estilo Rambo? No, por Dios, eran "auxiliados por unos cuantos esclavos negros, a quienes han prometido su libertad".

Los capturaron con el siguiente armamento: "dos cañones de madera con cinchones de hierro, diecisiete fusiles, ocho pistolas, quince entre sables, puñales y machetes, ochocientos cartuchos de bala y algunos saquetes de pólvora, hallados en el fuerte que habían hecho, desde donde hicieron fuego vivo…"

A los fugitivos del 10 de Agosto, los fusilaron por la espalda y las cabezas fueron enviadas como trofeo a Toribio Montes, incluida la de Rosa Zárate, esposa de Nicolás de la Peña.

¿Qué pasó con los combatientes "mandingas azabaches de Güembí (Wimbí) y Playa de Oro"? De acuerdo a los esposos Costales: "El fuego libertario se encendió en los horizontes del mar y de la selva, y allí, se luchó en busca de la independencia de su suelo, mucho antes de que Bolívar pensara siquiera en el decreto de manumisión de los esclavos negros". El grito cimarrón de los afroecuatorianos, mujeres y hombres, debería ser, ¡viva el Bicentenario, pero de Wimbí y Playa de Oro!

Hora GMT: 25/Julio/2009 - 05:08

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