Como parte de una propuesta diferente de hacer arte, el pintor Jorge Jaén, cambió las galerías por la calle del placer.
El arte en Guayaquil nunca más volverá a ser considerado elitista, pues el jueves pasado, se rompió con el tradicional esquema de las galerías.

El Mil Amores, un burdel ubicado en la 18, se convirtió en un espacio alternativo en el que un sinfín de individuos, entre intelectuales y clientes de la zona, se reunieron para ser los espectadores de la exposición de 17 lienzos de la autoría del artista guayaquileño Jorge Jaén.

La iniciativa partió del erotismo plasmado en las pinturas, y sobre todo de las propias prostitutas, principal inspiración de su obra.

Luego de haber observado los cuadros, que de paso se confundían con las caricaturas obscenas pintadas en las paredes, se superaron las impresiones, y a pesar de que muchos dijeron visitar por primera vez la calle más ardiente de Guayaquil, las diferencias de estratos no tuvieron lugar, y como en una especie de zona de tolerancia, las trabajadoras del placer, junto con los visitantes, iniciaron amenas conversaciones.

Sin embargo, con el afán de cuidar su trabajo, las señoritas nunca dejaron de negociar la noche.

En todo caso, el ambiente se cargó de una vibra positiva, que en parte, fue incentivada por la bebida de los ecuatorianos, la cerveza.

Los vasos fueron y vinieron al igual que los abrazos.
De repente, la salsa que sonaba de fondo se apagó, y a continuación una voz netamente guayaquileña se empezó a escuchar. No fue otra que la de Héctor Napolitano, quien llegó para amenizar tan singular exposición.

"Un saludo a nuestras queridas trabajadoras de la noche", dijo, y al contar del 1,2, 3, entonó con su guitarra..."Te conocí en la 18, y me enamoré de ti...corazón de matasarno". Luego, vino el Cangrejo Criminal, y la Gringa loca, temas que muchos aprovecharon para bailar, y otros para seguir conversando con la botella.

Y fue después de más de media hora de su agradable compañía, que el Viejo Napo anunció a Dos Gardenias, su última canción, pero para concluir lo que fue una presentación perfecta, agregó: "con esta me despido y a c... se ha dicho, porque el mundo se va a acabar".

El comentario provocó una ovación que encendió aún más, lo que para ese entonces ya se había convertido en una fiesta. De la nada, un grupo de percusionistas salieron a escena, y al ritmo de los tambores, los cuerpos no pararon de moverse. La pena por la retirada de Napolitano, se olvidó en cuestión de segundos.

"Viva la 18", gritaba la multitud, que ya no distinguía la realidad.

Alejada del alboroto, Daniela, una prostituta del lugar, no dejó de reír asombrada de lo que acababa de escuchar. "Así han sido las exposiciones de arte", manifestó con gracia. Luego, en confianza, agregó que algún día le gustaría declamar poesía, aunque confesó que no desea escribirla.

Las horas pasaron y llegó la hora de partir, pues afuera del burdel cualquier peligro se podía encontrar.

Fotos por allí, fotos por allá. La gente no dejó de capturar el momento."Nadie sabe cuándo se repetirá algo como esto", comentó Alexander Shapiro, uno de los asistentes.

Impresionado por la gran acogida de su "galería", Jaén no pudo negar su satisfacción. "Me alegra exponer en este lugar tan digno, que es despreciado por muchos". (DV)

Una galería de arte muy singular

En el burdel Mil Amores, se reunieron más de un centenar de personas para observar arte.

Las trabajadoras sexuales, no descuidaron su oficio durante el transcurso de la exposición.

Tanto intelectuales como clientes de la 18 no distinguieron clases sociales, y convivieron amenamente.