Si algo pudo concluirse de la reciente Conferencia Regional sobre Educación Superior, CRES 2008 - llevada a cabo en Cartagena de Indias la primera semana de junio de este año y cuyas conclusiones constituirán el aporte de América Latina y el Caribe a la Conferencia Mundial de Educación Superior que se celebrará en París el próximo año-, es la complejidad de la estructura universitaria existente. Parte de esta complejidad proviene del papel que se otorga actualmente a las instituciones de educación superior en el desarrollo e innovación de los principales componentes de ciencia y tecnología de los países, más allá de la acostumbrada transmisión de conocimientos y habilidades profesionales a nivel personal que caracterizaron y siguen caracterizando a muchas de las universidades.
Esta visión de la universidad no debiera dar lugar a confusiones. No se trata de reiterar los lugares comunes que siempre han exaltado la importancia de las instituciones de educación superior para el destino de sus respectivas sociedades. Estas declaraciones en general han sido más retóricas que realistas si se toma en cuenta solo como ejemplo los modestos aportes de la región en ciencia y tecnología. Los Estados, el sector empresarial, las mismas universidades y la sociedad civil no se han preocupado de que las declaraciones se ajusten a la realidad como ha sido el caso del financiamiento en ciencia y tecnología. No resulta extremo señalar que una de las conclusiones más importantes de la CRES 2008 apunta sobre todo al fortalecimiento de un modelo de universidad para la sociedad del conocimiento que en palabras de José Dias Sobrinho constituye "un espacio público de elaboración de un análisis crítico que supere el déficit crítico de la globalización".
El otro elemento de complejidad de las instituciones de educación superior es la diversidad de las mismas. En las últimas décadas han surgido múltiples modelos de universidades que pueden ser agrupados por diferentes parámetros que no por cierto susceptibles de simplificación en uno solo. Uno de ellos es la división por financiamiento que separa a las universidades públicas de las particulares con la excepción de las cofinanciadas como el caso del Ecuador. La gratuidad de las universidades a nivel de los pregrados en el caso de las públicas supone un compromiso prospectivo por parte del Estado que quiera asumir esta responsabilidad. Compromiso porque de ello depende el funcionamiento de la universidad; prospectivo, porque se trata de organizar el futuro racionalmente.
A estas alturas no puede satanizarse la educación superior particular, negándole fondos para ciencia e investigación, préstamos blandos, y en el caso de las universidades que reciben porcentajes del estado, eliminándolos en una mala interpretación del valioso concepto de la educación como bien público. La universidad particular forma parte junto con la pública de los sistemas de educación superior de la región y no se puede desconocer su aporte e importancia.
Hora GMT: 17/Junio/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por joaquín Hernández Alvarado
