Por: Simón Espinosa Cordero
simeco@hoy.com.ec

La educación municipal no es un teléfono celular que debe desecharse por otro de tecnología más nueva. La educación municipal es un sistema más cercano a las necesidades de la vida cotidiana que no el de la educación del Fisco. La de los municipios se ha ido refinando gracias a una participación muy estrecha de los padres de familia y también por el conocimiento de necesidades perfectamente bien localizadas y analizadas. Los resultados positivos de unidades tan conocidas como son la Eugenio Espejo (1915), el Liceo Fernández Madrid (1930) y el Colegio Benalcázar (1951) hablan por sí solos de la calidad de la enseñanza municipal en el Distrito Metropolitano de Quito. Una tradición tan arraigada y exitosa no debe ser borrada de un plumazo por la ilusión de la Lechera y el Cántaro ni por el afán metafísico de una revolución meritoria en algunas de sus facetas, pero sin fundamentos y extranjerizante en otras. Lo temerario y destructivo y no basado en el sentido común ni en realidades concretas y circunstanciales puede destruir lo bueno en nombre de un mejor, soñado entre gallos y medianoche y nostalgias estatales.
¿Habrán leído en la Asamblea la rendición de cuentas del ex alcalde Paco Moncayo Gallegos en el tomo 1 correspondiente al Eje social, páginas 113-128, en las que detalla los logros e innovaciones de la educación municipal con cifras, programas y datos? El actual alcalde, doctor Augusto Barrera, ha tomado a pecho el asunto de la educación municipal del Distrito y ha puesto al frente de ese subsistema a una persona de calidad, experiencia y vigor. ¿Se destruirá un subsistema de 39 unidades y múltiples radios de acción por un afán loable pero francamente insensato? ¿No es posible el diálogo sincero? Nos referimos en esta columna a la educación municipal en el Distrito Metropolitano de Quito.

Con todo, lo que decimos vale en principio para todos aquellos municipios del Ecuador que mantienen unidades educativas propias. Un nuevo proyecto de educación contempla que las unidades educativas de los municipios se integren, como las fiscales, al Ministerio de Educación. Esto parece inconveniente en general y, ciertamente, en el caso de nuestro Distrito Metropolitano, es un claro retroceso.

Por supuesto que el Ministerio de Educación tiene que determinar las políticas educativas del Ecuador para todos los sistemas: particular, fiscal, municipal y fiscomisional. Por supuesto que debe evaluarlos y reglamentar su funcionamiento. Por supuesto que debe aspirar a que la educación pública llegue algún día a ser la más preciada por la ciudadanía. Pero, para llegar a este ideal, no debe suprimir lo que marcha bien y absorberlo todo, porque lo bueno se convertirá en mediocre; lo mediocre, en malo, y lo malo, en pésimo.

El loable esfuerzo del Gobierno actual para elevar el nivel de la educación en Ecuador tardará unos 15 años en dar frutos de calidad. ¿Para qué retardarlo todavía más cargándose con obligaciones que ya están bien atendidas por algunos gobiernos locales? La prisa es mala consejera. No se debe abrir un cascarón incubado a medias ni tratar un proceso valioso como si por venerable en años deba ser reemplazado por un juguete más nuevo y mejor publicitado.