La tranquilidad, e incluso indiferencia, con la que el Gobierno ecuatoriano mira la crisis financiera mundial contrasta con las preocupaciones de varios organismos financieros internacionales por el impacto que tendrá en América Latina, y con la serie de medidas adoptadas por otros gobiernos de la región para contrarrestar los posibles efectos.
El Gobierno mexicano, por ejemplo, ha inyectado dólares en el mercado local para proteger el tipo de cambio y asegurar la liquidez del mercado financiero. El Brasil ha hecho algo parecido aparte de bajar las tasas de interés internas y facilitar líneas crediticias a los agricultores. El Perú, mientras tanto, anuncia que tiene listos $3 000 millones para colocar en la economía con el propósito justamente de contrarrestar la recesión mundial. Y en la Argentina, la presidenta Cristina Fernández convocó a una reunión urgente del Mercosur para definir estrategias conjuntas frente al colapso financiero de los Estados Unidos.
Si bien América Latina parece estar mejor posicionada para enfrentar las dificultades, como lo ha señalado el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) todos los pronósticos internacionales hablan de una caída del crecimiento económico en la región, de una disminución de los precios de las materias primas, de una reducción de los ingresos por remesas, y de altos riesgos de procesos acelerados de inflación.
El Gobierno ecuatoriano parece mirar los toros de lejos.
Primero, el propio presidente minimizó los riesgos para el país de la crisis internacional. En un segundo momento rectificó esa posición al reconocer que podría tener impactos, pero hasta ahora no hemos escuchado anuncios claros de acciones y medidas para ser adoptadas para minimizar los riesgos.
El panorama para el Ecuador se torna sin duda incierto dada la alta dependencia de las cuentas fiscales a los ingresos petroleros, con un presupuesto muy inflado para 2009. Ya los precios del petróleo han mostrado una persistente tendencia a la baja en los últimos días, que coloca al Ecuador en una situación precaria.
Igual preocupación debería despertar la disminución de las remesas de los emigrantes. Tanto el petróleo como las remesas han sido el sostén de la dolarización en los últimos años.
Hay que confiar en que el Gobierno evalúe con seriedad la situación internacional y que adopte una postura prudente, cauta, austera, de alerta, frente a lo que está ocurriendo, en lugar de lanzar, como acostumbra, críticas a las voces que advierten sobre los evidentes riesgos que pesan sobre la economía nacional.
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Hora GMT: 13/Octubre/2008 - 05:11













