Colombia y el Ecuador se miran desde un prisma maniqueo. Una óptica de héroes y villanos
Por Ana María Correa
amcorrea@hoy.com.ec
Casi un año después de Angostura y de la ruptura de relaciones con Colombia, éstas siguen en la congeladora. Más allá de los nuevos elementos de juicio que el caso Chauvin ha traído sobre la escena, es imperioso reevaluar la relación con nuestro hermano y vecino desde el rol de ciudadanos y empezar a reconocer que con los colombianos hemos desarrollado una peculiar relación de amor-odio, admiración por su empuje, pero también de envidia y resquemor.
La relación entre Colombia y Ecuador es como la de dos hermanos que se desconocen y que no se comprenden. Ambos no han entendido sus complejidades y sus problemas y se han juzgado desde sus propios egoísmos, miopías e introversiones.
Los medios no han sido ajenos a esta incomprensión, y su cubrimiento de la relación bilateral, ha pasado por el tamiz de los prejuicios y las xenofobias de sus élites y gobernantes. Los medios se han quedado en la superficie y se han dejado llevar por los amores y desamores de sus gobernantes, con la diferencia de que actualmente la prensa colombiana, desde los ojos ecuatorianos está uribizada, y la prensa ecuatoriana, es crítica del gobierno, y sufrió los embates de éste por no haberse alineado del supuesto lado de la "patria". En Colombia no han sabido comprender lo problemático que es vivir junto a un país con guerrilla y sufrir sus consecuencias, acá en cambio no hemos alcanzado a comprender la dimensión del conflicto, y la impronta que éste ha dejado en el alma colombiana. Por tanto juzgamos su condición desde la falta de empatía más olímpica y en Colombia, casi desde el desprecio.
Colombia y Ecuador se miran desde un prisma maniqueo. Una óptica de héroes y villanos en el que todo lo que el uno consigue, el otro pierde. Además creemos que la relación entre ambos es de suma cero: desde allá, creer que cualquier reclamo ecuatoriano, equivale a proteger a terroristas y desde acá, que desde el norte una perversa y cruel mano negra uribista pretende abocarnos a una guerra que no es nuestra, y por la cual, por lo demás ya ha hecho demasiado.
Para reconstruir la relación entre nuestros pueblos hace falta un buen baño de verdad. Es hora de hablar sin tapujos ni tabúes sobre nuestros prejuicios y egoísmos, de reconocer como las percepciones distorsionadas permean nuestras miradas. La relación colomboecuatoriana debe simultáneamente despersonalizarse y personalizarse, porque todos vivimos historias personales con los colombianos que nos rodean; y despersonalizarse para desuribizarse y descorreizarse, pues nuestros países no empiezan ni terminan con el gigantesco ego de quienes temporalmente nos gobiernan.
Hace unas semanas reflexionaba María Jimena Duzán, sobre por qué odiamos tanto a los colombianos en el Ecuador. Columna recomendable para todos los xenófobos del Ecuador, especialmente para aquellos que en las más altas esferas del gobierno, se permiten hacer declaraciones discriminatorias contra colombianos, como si esta Patria no fuera de todos aunque sea por la fuerza de la repetición de la publicidad hueca, y la Comisión Legislativa no hubiera emitido una ley en contra de todo tipo de discriminación, incluida la nacionalidad.
Hora GMT: 27/Febrero/2009 - 05:07
