Análisis
Mauricio Orbe G. Analista económico

El convertirse en un país desarrollado no debería ser una meta inalcanzable para países como el Ecuador. Durante las últimas décadas, varias naciones han pasado del subdesarrollo al desarrollo en alrededor de 30 años y, aunque parezca un horizonte de muy largo plazo, basados en la experiencia, es el tiempo que puede llevar a un país cambiar estructuralmente su condición y convertirse en un país desarrollado. El Japón de la post guerra y el modelo de desarrollo de los tigres asiáticos han evidenciado lo crítico de una proyección real de largo plazo y la posibilidad de implementar una política sostenida en términos de desarrollo. Sin embargo, un ejemplo tal vez más cercano, es Chile, país con una historia similar a la ecuatoriana.

Durante los últimos casi 30 años, Chile creció a una tasa de 5,2%, el doble del promedio de América Latina; manteniendo el ritmo de desarrollo actual, este país sería considerado como un país desarrollado en apenas 12 años al sobrepasar los $21 mil de ingreso per cápita. Comparando con la realidad ecuatoriana, hace 25 años, el ingreso per cápita del Ecuador era muy similar al chileno; desgraciadamente, en la actualidad es solamente la tercera parte, por lo que al Ecuador le tomaría alrededor de 50 años alcanzar el mismo nivel de desarrollo.

¿Qué sucedió en el intermedio? Mientras Chile implementó un modelo que le permitió reducir la dependencia del cobre e incrementar sus exportaciones y competitividad, el Ecuador siguió sumido en una serie de enmiendas y componendas de corto plazo que, al cabo de los años, lo llevaron a perder valiosos años en su desarrollo, lo que, sin duda, se constituye en un aprendizaje importante para el Ecuador en el marco de implementar su nueva Constitución.