Confiar puede convertirse en una pesadilla cuando los delincuentes usan la química. En calles y bares de Quito aparecen más testimonios de víctimas de las drogas de sumisión: la escopolamina y la benzodiacepina.

La noche del primer sábado de marzo, Luigi Morrone, un inmigrante italiano, y su amigo fueron a una discoteca.
Compraron una botella de licor y se sentaron en una mesa. Hasta ellos llegó una chica, visiblemente nerviosa, a pedirles a su ayuda.

“Me dijo que el novio le perseguía y si podía sentarse con nosotros”, recuerda Morrone. Era una chica de unos 22 años, pequeña, de piel blanca y cabello oscuro.

La joven de cabellos negros llevó a la mesa a otra amiga y empezaron a charlar. La tertulia fue cordial, ella se mostró sorprendida del trabajo del italiano en la fundación No más desaparecidos, cuyo objetivo es hallar a personas.

Después de una hora, Morrone salió con la mujer de la discoteca. Fue a su departamento y despertó 48 horas después.

Él había sido víctima de la escopolamina y de un coctel de fármacos para dormir que lo llevó al límite de la muerte. El Departamento de Criminalística de la Policía y el Instituto Leopoldo Izquieta Pérez aseguran que las drogas que más se usan para delinquir son la escopolamina y las benzodiacepinas.

Al Instituto llegan 35 casos de víctimas de estas sustancias cada mes, entre pacientes que sobrevivieron y otros que no tuvieron la misma suerte, dice Beatriz Vargas, jefa de Toxicología.

De las drogas usadas por la delincuencia, la escopolamina es la reina. Este es un alcaloide que se encuentra en varias plantas, como el floripondio, la belladona; y que luego de un proceso químico se convierte en un potente sedante. La víctima pierde el sentido del tiempo y del espacio, en una simulación de hipnosis.

Morrone no sabía qué pasaba luego de beber un trago con escopolamina. Tampoco nadie se percató que fue drogado; ni su amigo ni el guardia. 20 minutos después de subir con la chica al departamento, salió llevando una maleta negra. La mujer se despidió del guardia y tomó un taxi. Dentro de la maleta estaban escondidos una laptop, equipos de fotografía y dinero. “Perdí unos 8 000 dólares”.

Rodrigo Tamayo, jefe de la Policía Judicial, señala que aunque no tienen el registro formal de robos y atracos con este alcaloide, los testimonios son varios.

Sobre el método para suministrar a las víctimas hay controversia. La Policía y expertos aseguran que para que rinda efectos fulminantes debe ser administrada por vía oral o sanguínea. No hay evidencias certeras de que se use en polvo y aerosol, como relatan otros afectados.

Sin embargo, en el Izquieta Pérez hay una pista que puede derrumbar esa teoría. Vargas señala que encontraron escopolamina, manipulada con sustancias volátiles (éter o cloroformo) que multiplicaba la fuerza de la droga, para que pueda entrar al cuerpo solo por el tacto. Pero este descubrimiento quedó truncado por la falta de equipos para conocer la mezcla química que se usó.

Tampoco hay una certeza de cuánta escopolamina se necesita para sedar a la víctima y cuánta puede ser mortal.

En el caso de Morrone, pudo haber muerto, sino medía 1,80 cm. “Si era pequeño la dosis era letal”.

La benzodiacepina es otra droga usada para delinquir. Esta se encuentra en medicamentos y mezclado con alcohol produce los mismos efectos que la escopolamina. La víctima de este fármaco sufre la depresión de su sistema nervioso y aletargamiento.

El compuesto químico se la puede encontrar en cápsulas, tabletas, gotas, comprimidos, ampollas que se usan como tranquilizantes, sedantes. La venta de estas medicinas está regulada por el Izquieta Pérez.

El Instituto tiene una lista de 80 fármacos que su comercialización es vigilada. “Chequeamos el suministro a las farmacias y las ventas deben ser justificadas con receta”, señala Vargas.

Sin embargo, el control se evade en ventas ilegales que se encuentran, por ejemplo en la calle Ipiales, asegura la galena.

El responsable del Departamento Médico Legal de la Policía, Marcelo Jácome, asegura que la muerte tanto por escopolamina o por benzodiacepina se inicia por un edema pulmonar y un paro cardiorrespiratorio.

Morrone impulsa su denuncia en la Fiscalía de Pichincha. Él quiere que su caso sirva a otras personas para cuidarse. Espera que la mujer de cabello negro cometa un error y sea atrapada.