Por: Manuel Ruano
Para El Punto de Encuentro del Migrante
Son dos hermanos, nacieron con casi veinte años de diferencia, el uno nació en los sesentas, el otro en los ochentas, son de la misma casa y del mismo país, pero la historia es la misma y ojalá terminen distintas.
El mayor creció en el Ecuador del boom petrolero y de las dictaduras, cuando el petróleo se regaba por los edificios gubernamentales y mataba los sembríos en los campos, las universidades producían profesionales de título y otros de nuevo léxico, con palabras como burgueses y proletarios.
Los políticos de la época hablaban de democracia , los militares de Paquisha, llegaba la guerra, llegó el discurso en el estadio, llegó la muerte del Presidente.
Ecuatoriana de Aviación levantaba el vuelo, CEPE era sinónimo de riqueza, los puentes cruzaban ríos, el sucre valía mas que el peso.
El fútbol tenia su slogan que parecía mas maleficio ecuatoriano: jugar como nunca para perder como siempre, Alfaro revivía y con un carajo lo desaparecieron arrastrándolo.
Las cosas se ponían difíciles y ya emigrar no era como antes, gobierno tras gobierno, cambiaron esa palabra, antes el emigrar era de pelucones, a buscar ciencia, éxitos, fama, rubios y rubias con nombres raros, poco a poco el tomar la decisión de irse, se fue convirtiendo en la ultima salida, en el remedio para los males del país, la cura para la enfermedad de la desazón, del tedio, del cansancio.
Y así el mayor de los hermanos cuando crecía el menor, levantó vuelo, sin saber si volvería, dejando atrás a tres mujeres: a la abuela que fue como su madre y que nunca la volvió a ver viva, a su madre que nunca la volvió a ver con el pelito sin canas, y a su amada que nunca la volvió a ver soltera.
El menor se quedó para seguir viviendo, enterrando a la abuela, ver como su madre llenaba la sien de rayitos de plata, y mientras el mayor estuvo ausente, las cosas comenzaron a cambiar.
El mismo pueblo, el que no se pudo ir, aprendió a pelear con la misma herramienta que le dio la democracia, el voto, y otro truquito más viejo: la revuelta popular.
Así los indígenas que antes ni se escuchaban, porque no tenían quien les acolite, comenzaron a marchar, emulando las marchas de Martin Luther King, claro estas marchas eran con palo y piedra ya que la rabia aguantada era mas prolongada que la de los afros en América del Norte, y comenzaron a sacar presidentes, dicen que con la ayuda de los de siempre, pero el resultado fue ese, el cambio.
Desde ahí el hermano menor comenzó a mirar en el Ecuador lo que nunca se creía posible, un puñado de valientes soldados se atrincheraba en el corazón de la selva, no los podían sacar los descendientes de Huascar, se ganó la primera guerra después de siglos , la noticia les dio un tingaso en la frente a los niños de los ochentas.
Se despertaron los futbolistas, el Ecuador llegaba por primera vez a un Mundial, un muchacho humilde caminó como un berraco en una olimpiada en California, trajo la dorada por primera vez al país, llegaba la tecnología, los celulares, hasta llegó Miss Universe a la Mitad del Mundo...parecía que llegaba el sueño de los que se fueron...era tiempo de volver...
Pero no, el menor buscó la oportunidad en el lugar donde ya buscaron los ausentes, donde supuestamente ya había cambiado, donde había pan techo y empleo, donde todo ya era para todos, y tampoco la encontró, todavía quedan replicas de los fantasmas del pasado, de los que dominaban la nación, todavía quedan los independentistas, los separatistas, los que creen en que lo del extranjero es mejor, todavía, que pena.
Y el menor también se tuvo que ir, tomo la única salida, la última opción.
Lo único que queda por ver es que si el final termina diferente, dicen que hay posibilidades de que esto se arregle de una buena vez, de que se acabe la pugna de los poderosos, los ricos, los pobres, los pelucones, los que están en el poder, los que se quedaron sin poder, los que tienen la palabra, los que no la tienen, los que se fueron, los que se quedaron.
Cuando sera el día de que aprendamos de los pueblos exitosos las buenas cosas, cuando sera el día de que no aprendamos las malas mañas de los fracasados.
Mientras tanto, en el aeropuerto se va el menor de los hermanos, dejando atrás a tres mujeres vivas: su madre , su hermana y su amada.
Esta historia le pertenece a muchos ecuatorianos y yo también dejé a tres mujeres, a mis amigos del barrio Los Vagos, los del colegio Marcucho, Sambo y Gordo y a mi amigo de infancia, mi hermano, Huguito.
Manny Ruano
mruano@hoy.com.ec
Miami, Florida
Hora GMT: 15/Marzo/2010 - 17:04
