Por Marlon Puertas
Un chiste. Dos tipos pasan frente a la flamante y recién instalada Asamblea Nacional, en Quito, y se detienen al escuchar gritos: "¡Borrego!", "¡Comprador de conciencias!", "¡Alcahuete de pipones!", "¡Abortista!", "¡Mojigata!", "¡Guerrillera!". Uno le dice al otro: "Parece que se están peleando los asambleístas". "No", refuta el más atento, "están tomando lista".
Confieso que este chiste lo plagié y modifiqué, de acuerdo a las circunstancias, del blog de Aminta Buenaño. No sé si, con el tiempo, los chistes que les endilgaban a los diputados se endosarán a los asambleístas, sin problema alguno para las ediciones correspondientes. Para mí, fue sencilla la adaptación. A lo que quiero llegar es que los nuevos inquilinos no quieren parecerse en nada a los diputados, pero qué difícil que les resultará conseguirlo.
Las comparaciones son odiosas, de acuerdo, pero a veces resultan inevitables.
Hagamos un ejercicio con la primera sesión de la nueva Asamblea y establezcamos similitudes con la antigua partidocracia. Asambleístas saludando la bandera -recuerdo con gracia, hace un par de años, a una de ellas persignándose allí-, sesión comenzada con retraso, asambleístas que nunca llegaron, renuncias que fueron tratadas en primer punto. En medio de todo, un minuto de silencio.
Y lo principal: la sesión duró 30 minutos, porque no existía acuerdo entre ellos -los gobiernistas- para elegir a dedo a los integrantes de los dos nuevos tribunales electorales. Ese rato, al apuro, montaron la escena de que se iban a analizar las carpetas de los interesados, algunos de ellos interesados a la fuerza, pues sus nombres fueron incluidos arbitrariamente en una página web, fórmula mágica de la revolución para convertirlos en candidatos de lo que sería un remedo de concurso. Otros inocentes, en cambio, llegaron con sus carpetas pensando que esta vez, sí, existiría un concurso de méritos para escoger a los mejores. Ni siquiera los dejaron entrar a la Asamblea.
Tras bastidores, en cambio, aparecieron nombres fijos, vinculados de una u otra forma a quienes están en el poder. Tras bastidores, las negociaciones secretas de siempre. Las reuniones en las que se toman decisiones que repercuten en los ciudadanos pero que nunca merecen explicaciones públicas. Las palancas tienen la virtud de que son camaleónicas: se adaptan de la partidocracia a la revolución ciudadana. Pero siguen presentes.
Así que hay bastante similitud. Las crónicas televisivas las sigue haciendo el periodista Félix Narváez, los cuchicheos en las curules siguen siendo alimento de los fotógrafos, los celulares no han dejado de sonar. Las manifestaciones comenzaron a llegar al edificio, los gritos han devuelto la vida al sector, los vendedores y lustradores de zapatos están contentos. Para ellos, los diputados están de vuelta. Y es como si les regresara el aliento.
Otro chiste, también plagiado y adaptado a las circunstancias actuales, para concluir.
¿Por qué a los miembros de Alianza País les dicen las focas? Porque el agua les llega hasta el cuello, pero siguen aplaudiendo.
mpuertas@hoy.com.ec
Hora GMT: 25/Octubre/2008 - 05:09














25/Octubre/2008 a las 06:02
Los personajes de estos "chistes malos", solo son mera coincidencia, y los nombres no se publican para proteger a los inocentes.
Detras de este articulo solo se puede ver la frustracion e impotencia para aceptar la voluntad de la mayoria que acepto estos cambios el 28 de septiembre pasado.
Si el pueblo eligio democraticamente por este proceso, pienso que hay que respetar, digerirlo y asimilarlo. Un sintoma de madurez es tener la abilidad de aceptar o adaptarse a los cambios, o al menos ser flexibles con lo que no estamos de acuerdo, pero es obvio que algunas personas prefieren vivir atragantados en el pasado.
25/Octubre/2008 a las 10:43
Como chistes, en realidad los dos me parecen buenos...
Lo malo es que los seres a quienes se personifica en ellos o realmente se creen la divina pomada curalotodo, o son unos farsantes aprovechadores que están engañando "AL SOBERANO", haciéndolo perder la oportunidad de la vida para conseguir que se llegue a un cambio para bien.
Es que las ideologías fracasadas que se tratan de enaltecer por parte de unos, y la mojigatería propia de otros (bien conocidos y reciclados), provoca una mezcla infinita, como la estupidez que mencionaba Einstein en su conocida frase, maneras de actuar que se detallan someramente, al tomar la lista, en el primer chiste.
Si el segundo es el calificado de malo, aunque a mí me parece también bueno, solo sería considerado como tal si al articulista le pasó por la mente ver a las focas nadar en los billetes.
Es una pena ver, que cada vez la ignorancia de las mayorías y la ambición de algunos vivarachos, así como el resentimiento social provocado por ellos mismos o sus titiriteros, en el pasado a lo largo de la historia, nos mantenga marchando sobre nuestro propio terreno.
07/Mayo/2009 a las 19:34
El nombre más apropiado y que esta mañana lo escuché es "congresillo grande"
o tambien los diputadillos. De esta manera quedarían bien identificados y no se confundiran con los sinónimos, congresitas, o diputados.