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Dolarización y felicidad

Publicado el 08/Marzo/2009 | 00:12

Por Ernesto Albán Gómez


ealban@hoy.com.ec

La Senplades, entidad que depende directamente de la Presidencia de la República, ha difundido los resultados de una reciente investigación, según la cual el 89% de los ecuatorianos cree que sus condiciones de vida han empeorado con la dolarización.

Nueve años después de que se adoptara tal medida, los resultados me parecen francamente increíbles: ¿la gente se sentía mejor cuando vivía con una inflación descontrolada, con salarios que se desvalorizaban todos los días, con una inestabilidad crónica en precios de bienes y servicios, con una economía sujeta a variaciones traumáticas? ¿O es que simplemente ha revivido aquella antigua creencia de que todo tiempo pasado fue mejor?

De todas maneras, Senplades estima que es paradójico este sentimiento, porque simultáneamente en estos últimos años han descendido los niveles de pobreza. Menos mal. Pero me parece más paradójico todavía otro dato, proporcionado por la misma investigación, según el cual casi la mitad de ecuatorianos afirma sentirse muy feliz, mucho más en el año 2008 que en 2007. ¿Podremos deducir de estos dos datos que, antes de la dolarización, el sentimiento de felicidad era aún más generalizado?

Todo esto me suena bastante extraño. ¿Será que la felicidad deba identificarse con los "derechos del buen vivir", los cuales han sido consagrados por extenso en la Constitución? Según esta, tales derechos comprenden agua y alimentación, ambiente sano, comunicación e información, cultura y ciencia, educación, hábitat y vivienda, salud, trabajo y seguridad social. Aquí cabe formular otra pregunta: ¿querrá decir que, si el ciudadano goza de estos derechos a satisfacción, debería sentirse plenamente feliz?

Por desgracia, la respuesta es obviamente negativa: para alcanzar la felicidad no es suficiente contar con una larga lista de derechos satisfechos. Aunque tenga alimentación, educación, salud, cultura, vivienda, trabajo y seguridad, una persona puede sentirse absolutamente infeliz.

Eso lo sabemos todos, y no hace falta ninguna investigación para comprobarlo. Y al contrario, como lo recuerda la vieja historia de "la camisa del hombre feliz", alguien puede sentirse feliz sin tener ni siquiera una camisa. Y por supuesto, Diógenes era feliz viviendo en un tonel y en pobreza extrema. Es que la felicidad es un sentimiento tan subjetivo, que no solo escapa a toda medición o precisión legal, sino que aun la misma persona es, en el fondo, incapaz de definir por qué se siente feliz o infeliz.

Por eso son incomprensibles y posiblemente inútiles, las mediciones de felicidad; pero más incompresible todavía me resulta el enlazar esta afirmación con la otra, expresada por una gran mayoría de investigados, que consideran que su situación ha empeorado luego de la dolarización.

De todo esto se podría hacer una interpretación, posiblemente, perversa. Para que los ecuatorianos nos sintamos definitivamente felices, tal como parece que lo éramos antes de la dolarización, pues lo que debería hacerse urgentemente es desdolarizar. Y a ver si entonces podemos llegar al éxtasis supremo de la felicidad.

Hora GMT: 08/Marzo/2009 - 05:12

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Comentarios

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  1. 1 Fabian desde - Stamford

    " pero más incompresible todavía me resulta el enlazar esta afirmación con la otra, expresada por una gran mayoría de investigados, que consideran que su situación ha empeorado luego de la dolarización."

    LA SITUACION SE HA ENCARECIDO LUEGO DE LA DOLARIZACION.

  2. 1 Maria Elena Torres

    Muy sensato y veraz.

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