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Doble asesinato

Publicado el 28/Enero/2010 | 00:08

Por César Ricaurte

cricaurte@hoy.com.ec

Alas siete de la mañana de ese día, había mucho sol. Nadie parecía haber invitado a la muerte, pero la vida es cruel. Acecha. Solo hace falta un lugar y un momento. Y que los dos se crucen en un instante. Por la ventana hace rato se filtraba el rugir de la avenida... Esa eterna América en donde a esa hora los autos no pueden avanzar más de 200 ó 300 metros con cada cambio de luz en el semáforo. Natalia ya no prestaba atención al rumor ciego, se había acostumbrado a convivir con él desde hace 18 años. ¡Vaya que había pasado toda una vida en ese lugar!

Natalia había nacido en Colombia, pero vivió y creció en una de las arterias más quiteñas que existen: la Avenida América, una vía que lleva a barrios altos que han sabido resistirse a las tentaciones de la modernidad. Barrios de casas con jardines, de parques descuidados, de peluquerías antiguas y tiendas de barrio desperdigadas, por aquí y por allá. Con panaderías artesanales y mueblerías en las que podían hallarse desde elegantes escritorios de oficina hasta cunas de precio justo.

Natalia despertó a su hijo con un beso, lo vistió y él aún sin despertarse del todo protestó "tengo sueño" y apenas tocó la leche y el cereal. Ella pensó en encender la tele, más para que su murmullo ajeno apagara a aquella amenazante avenida, que paradójicamente había sido el nostálgico mundo de su niñez, de su adolescencia y ahora de su forzada adultez.

Toni y Marielena, sus padres, dormían. Habían trabajado hasta tarde en la noche. No los iba a despertar, ya los vería al regreso, así que terminó por tomar su bolso, guardar las últimas cosas, tomar de la mano al pequeño Antonio y salir.

Ahora, el murmullo era un rugido. Cientos de autos, bocinazos, autobuses. Todo se había complicado desde que construyeron la Metrovía. Fue a dejar a su pequeño en la guardería cercana, lo despidió con un beso y un "nos vemos más tarde"... El tráfico es cada día peor. No se avanza nada y el apuro. El poder siempre tiene apuro. ¿Y para qué vamos en un auto oficial? ¿Para qué la escolta si no se puede avanzar más rápido? ¿Por qué no? Basta invadir la vía del metrobús. Todo auto con placa oficial, lo hace, así que, ¿cuál es el problema?

Ahora, sí van rápido. Todo vuelve al cauce normal de las cosas. Se dejó llevar por la mente. Así que no vio lo que se cruzaba por delante. No podía detenerse en nimiedades... Natalia volvió a pasar por la puerta de su casa, pensó un segundo en sus padres y en su hijo y llegó al borde de la avenida. El tráfico era denso. Como cada mañana, comenzó a sortear los autos. Llegó al segundo carril, el exclusivo del metrobús y no volvió a ver nunca más. El carro oficial la dio con todo. La elevó por los aires y la arrastró 60 metros desde la puerta de su casa. Este solo fue el primer asesinato de Natalia. Luego una banda de bribones la están asesinando por segunda vez, públicamente y con toda alevosía y creyéndose totalmente impunes, hacen todo lo posible para exculpar a los victimarios, mientras escupen sospechas sobre la víctima, a través de vergonzosos comunicados

La vida es cruel... Bastan que se crucen un segundo y un lugar y ¡zas! se acabó. Pero es aún más cruel cuando el destino tiene la cara de una canallada.

Hora GMT: 28/Enero/2010 - 05:08





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Comentarios

  1. 1 Wilma Krauss Vega

    Muy emotivo y lleno de verdades su relato. Gracias señor César Ricaurte. La familia de esa pobre víctima debería tener todo nuestro apoyo, y no así aquellos que revestidos de la petulancia que da el poder efímero, hacen de pies y de manos para no ser atrapados por la justicia de los hombres; porque de la Divina no lograrán burlarse, ni engañarla.

    Ese auto oficial jamás debió ser ocupado por la esposa del funcionario, ni tampoco debió circular por el espacio exclusivo de la Metrovía. Una arbitrariedad lleva a otra ilegalidad.

    Es irónico y malsano que se trate ahora de manchar a la sacrificada, para salvar el pellejo de gente inescrupulosa que jamás debió desempeñar tamañas responsabilidades.

    Ese Fiscal debería irse si le quedase un poco de sangre en la cara.

    Paz en la tumba de esa joven madre inmolada.

  2. 1 Francisco Guerrero desde - Quito

    El destino trágico de Natalia tiene la cara de un canalla más que la de una canallada, y ese rostro, todos lo sabemos, no es el del Fiscal sino el del sujeto que ha introducido el odio y el rencor en este país.

  3. 1 Rodrigo Montalvo desde - Nueva York

    El prevaricato no va de la amano de ningun juez imparcial, tampoco puede ir de la mano de lacritica imparcial
    La elemental oda del articulista tuerce expresa y confabuladamente la llanisima expresion sentilementalesra al fin bastardo de la sentencia sin juicio previo.
    Hasta cuando prevaricais prostituyendo la letra y la expresion profetas dehonestos?

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