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Distancia y comunión

Publicado el 25/Abril/2009 | 00:10

Por Luis Alberto Luna Tobar


analisis@hoy.com.ec

Ubicados necesariamente, por ley de la vida, entre la distancia y la comunión, entrecruzan nuestra intimidad muchas figuras humanas con las que mantenemos cierta comunión y otras que jamás dejan de ser distantes.

Exigidos de examen de esa intimidad, encontramos figuras que se nos acercan fieles y otras que mantienen una suerte de alejamiento inexplicable y nos preguntamos, mientras seguimos caminando y conviviendo, por qué hay seres humanos distantes y por qué otros seres mantienen viva la serenidad de un afecto fiel: comunión espiritual.

No es nada fácil darnos respuesta a nuestra propia inquietud, ya sea ella serena y reflexiva o tal vez se convierta en perturbadora y confundidora.

Estas reflexiones convertidas en examen íntimo de conciencia, nos dicen o revelan graves problemas de convivencia que se originan en la pérdida de normal medida de nuestra personal forma de indulgencia generosa o de ritual y sistemática forma de ahuyentar posibles incomprensiones problematizadoras.

Examinadas con la posible facilidad que nos da la serenidad personal y con la superación de tensiones o incomprensiones que nos facilita generosa la serenidad de actitud que nos provee la elemental buena educación y control oportuno de toda reacción perturbadora, tenemos que reeducar nuestras reacciones y facilitar la solución de los problemas comunitarios, conformando alrededor de cada grupo familiar o social, una suerte de escuela nueva de relaciones humanas familiares y sociales.

De esta suerte no cabría encontrar tantos grupos de seres humanos en cuya cercanía no se constata la de un amor sincero y la justicia de un compromiso social verídico.

Estamos obligados los que conformamos el mundo nuevo de la esperanza de los grandes cambios, a impulsar en nuestro alrededor todo el amor solidario que se realiza humanamente apoyando cuanto es imperiosa necesidad de desarrollo justo y de estabilidad permanente. El desarrollo justo exige la libertad personal suficiente para compartir lo propio y la serenidad estable y constante, que mantenga la generosidad y alimente el sentido de justicia natural.

No se trata de un sueño utópico. Es una posibilidad que se justifica acercándose con naturalidad al necesitado y alejando con sinceridad determinante toda ostentosa exhibición de la personal generosidad.

Estos valores no son moneda que se adultera ni documentos que se alteran. Son reacciones que originadas en la más profunda naturalidad, se manifiestan con la máxima sencillez y se mantienen con fidelidad sagrada. Trabajemos con ilusión y decisión sincera en la revelación del mundo nuevo de la paz, que llega desde la comunión y naturalidad.

Hora GMT: 25/Abril/2009 - 05:10

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