Por Francisco Rosales Ramos
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"Discusión o trato en busca de avenencia". Es la tercera acepción de "diálogo" que consigna el DRAE. Y es lo que requiere de manera imperiosa el Ecuador para superar diferencias y enfrentamientos, con la firme voluntad de entender los conceptos e intereses de las otras partes, sopesarlos con los propios y buscar puntos de encuentro.
Esto es lo contrario a la descalificación del adversario y a la repetición permanente de "mediocres y corruptos", calificativos que se aplican a todos aquellos que difieren de su pensamiento. La vanidad y la soberbia aupadas por los triunfos electorales y el círculo de áulicos que rodean al personaje explican no justifican- el divorcio de la realidad. Aquellos insólitos llamados a levantarse contra la dirigencia ofreciendo el apoyo político, solamente conducen a agravar la confrontación y la conflictividad. Encendida la mecha, el estallido puede ser incontrolable. Antes que apagarla en la desesperación, no hay que encenderla.
Por su parte, la dirigencia indígena deberá abandonar posiciones ultristas y actitudes igual de vanidosas y soberbias, fruto de la capacidad de caotizar al país que ha demostrado el conglomerado. Les asiste la razón en demandar reparación a siglos de conculcación de sus derechos, pero ello no puede implicar desconocer la realidad del Ecuador del siglo XXI después de seis siglos de mestizaje europeo. Situaciones mucho más lacerantes como el apartheid de Sudáfrica y el encarcelamiento del líder negro Nelson Mandela, por más de 30 años, pudieron resolverse con madurez, cuando Mandela, elegido presidente de la República, buscó por todos los medios la unificación del país y no la revancha contra, esa sí, pequeña minoría blanca, que había gobernado a sangre y fuego esa nación. La grandeza de espíritu ha demostrado ser el mejor antídoto para la violencia.
Pero la actitud de diálogo debe nacer del poder. En él reside la obligación de buscar con todos los ciudadanos los puntos de acuerdo, e inclusive pasar por alto actitudes díscolas de quienes se sienten maltratados. El gobernante requiere una piel resistente como la del elefante, para no reaccionar con violencia ante ningún ciudadano. La tolerancia es su obligación principal.
Bien decía Óscar Arias en su discurso ante los jefes de Estado y de Gobierno en la Cumbre de América Latina y el Caribe realizada en Cancún en días pasados, entre otras verdades que quedarán retumbando en los oídos de sus colegas:
"No se debe confundir el origen democrático de un Régimen con el funcionamiento democrático del Estado. Hay en nuestra región Gobiernos que se valen de los resultados electorales para justificar su deseo de coartar libertades individuales y perseguir a sus adversarios. Se valen de un mecanismo democrático, para subvertir las bases de la democracia". "Honrar la democracia quiere decir mucho más que promulgar constituciones políticas, firmar cartas democráticas o celebrar elecciones periódicas".
Hora GMT: 08/Marzo/2010 - 05:09
