Palabra en el tiempo
Jorge Dávila Vásquez/ Escritor
Éste es el título de un poemario de Santiago Vizcaíno (Quito, 1982), quien ganó dos premios de los Proyectos Literarios del Ministerio de Cultura, uno por el libro que vamos a comentar, y otro por Decir el silencio, estupendo ensayo sobre la poesía de Alejandra Pizarnik. Ambas obras se publicaron en Abya-Yala, a fines de 2008.
El jurado confirió a Devastación el galardón de poesía, subrayando "su aliento lírico sostenido, la fuerza introspectiva, sus imágenes sobrecogedoras y la calidad de su versificación".
Lo primero se siente en los 31 cantos que conforman "La mano en la tumba" primera sección del libro-, así como en los 4 de la última y erótica El agua parda, y en los 6 textos sueltos de la intermedia. La voz poética es vigorosa, no decae en ningún tramo de la construcción de la obra.
El segundo aspecto late en todos los poemas. Vizcaíno entra en lo más profundo de su espiritualidad, su existencia, su sexualidad, desentrañando el oscuro mundo que le rodea, así como el brumoso universo de su yo.
El tercer aspecto es patente en muchos momentos del volumen, pero, se siente más en las evocaciones de la terrible cotidianidad, resumida en "una fosa de huesos secos,/ una mano que ansía un brazo,/ una barriga agusanada". Eso es todo: a cada paso hallamos la postrimería humana, el deseo de aferrarnos a algo, a alguien, y, de nuevo, la pavorosa descomposición de la carne.
Vivimos en la continua vecindad de la muerte; por eso, como dice el poeta, aprendimos "a respirar la exhalación final de los caídos". Son también de calidad las imágenes que remiten a la obra poética, como ésta: "No he de calmar el hormigueo de mi voz./ No he de abrazar la cuerda del ahorcado."
Hora GMT: 14/Febrero/2009 - 05:04
