Por Teodoro Bustamante P.
A pesar de que el primer problema para la aplicación de la nueva Constitución no es sino la manifestación anticipada de todos los problemas que nos traerá, no deja de tratarse de un momento de oportunidades. En efecto, el emblema de la ambigüedad que atraviesa todo ese texto legal se ha hecho presente de manera crasa, frente al problema de la conformación del congresillo. El resultado es un conflicto que se está resolviendo a la vieja manera: incrementando los poderes discrecionales de la nueva partidocracia del Movimiento País. Pero mientras el ejecutivo no hace sino demostrar los defectos del régimen al cual nos ha conducido, quisiéramos rescatar algunas de las oportunidades que la nueva Constitución sí nos presenta. En efecto, uno de los peores defectos del proceso electoral, que en realidad constituye una verdadera vergüenza para todo el país, fue la manera totalmente inmoral con la cual se usaron los fondos públicos, para hacer campaña, por una de las alternativas que fueron sometidas a consideración en el referendo. Tal comportamiento corresponde a una de las características más típicas del poder oligárquico, del poder gamonal. Los poderosos, creen que el Estado es su patrimonio, y lo usan sin darse cuenta siquiera de que disponer de los fondos de todos para propiciar sus fines personales o sus propuestas electorales constituye una grave violación de los principios de la democracia.
La Constitución recién aprobada, entre ambigüedades y confusiones, contiene una formulación, que nos permitiría comenzar a cambiar esta bochornosa forma de hacer política. El artículo 115 dice con claridad: "Se prohíbe el uso de los recursos y la infraestructura estatales, así como la publicidad gubernamental, en todos los niveles de gobierno para la campaña electoral". Es cierto que esta formulación, como todo lo de la Constitución, tiene ambigüedades, y no faltará quien, haciendo alarde de viveza criolla, diga que la propaganda de las obras de los gobiernos no constituye propaganda electoral. Pero es por eso mismo que se hace necesario un fuerte movimiento ciudadano para exigir que la nueva ley electoral señale con claridad que se prohíbe toda propaganda gubernamental durante período electoral.
La importancia de este tema no puede ser exagerada, pues se dirige a un aspecto central de patrimonialismo que caracteriza a la vieja política. El intermediario político, sea este partidócrata tradicional o en su versión "correocrática", usa el dinero de todos para mantenerse en poder, como si este fuera su propiedad, su derecho natural. Que renueva de vez en cuando con elecciones, en las cuales usa nuestro dinero para legitimar sus privilegios. Su contraparte claro está es que de vez en cuando, dependiendo de sus necesidades de popularidad, también reparte limosnas generosas, pero humillantes, con el dinero ajeno.
Hay una oportunidad, la de dar pasos por el cambio, que debemos aprovechar si tomamos el valor de exigir acciones como esta. Escribiendo a los representantes, a los periódicos, levantando campañas en las radios.
El mensaje de "Partidócratas, ¡fuera sus manos de los dineros públicos!" puede ser un punto de concentración de quienes sí quieren el cambio.
tbustamante@hoy.com.ec
Hora GMT: 08/Octubre/2008 - 05:08
