Por Cecilia Velasco
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No hablo de una identidad abstracta llamada mujer, sino de sus más atrayentes tipos. Algunas le apuestan a la autenticidad y asumen las consecuencias de tal elección, aunque deban perder sus seguros de vida; no se esconden detrás del prestigio, que arriesgan cada día cuando sacan un pie de su cama, sino que se exponen grandemente, porque han descubierto que la libertad es un riesgoso ejercicio que nadie les concede y que se experimenta, jubilosa y dolorosamente, de modo intransferible. No quieren ser las víctimas, pero tampoco están exentas de fragilidad, y cómo podrían, si unas y otros somos heridas vivas.
Están las compasivas, las devoradoras, las radicales, las intolerantes, las que construyen sobre el vacío una moralidad. Las silenciosas, las que lloran a mares, como surtidores o fontanas, las que ríen de sí mismas diciéndose que lo que destino y azar han deparado es "una tragedia como cualquier otra". No más que eso, pero tampoco menos.
Las que aman a los suyos en medio de carpas provisorias esporádicamente expuestas a la intemperie. Las que abren ventanas para expulsar el humo del insano cigarrillo, las que queman ramos y romero para espantar a las tormentas, las que planchan en las tardes blancuras por venir. Las que viven en habitaciones de cristal, o sobre árboles, o en la nubes, o dentro de cajas de cartón.
Se levantan por la mañana y torpes aún van a la ducha. El agua despabila los cuerpos pródigos y silentes y despierta células entumecidas, y el jabón recorre amigable los senos tan queridos, el vientre que acogió amores, los brazos, las rodillas, los pies capaces de explorar diariamente ciudades y charcos, calles y desiertos, montañas y llanos.
Frente al espejo, el rostro lavado es un fresco de todo lo vivido. Tersura, suavidad, imperfección. Luz intensa que brota de los ojos. Cejas como alas a punto de volar en pos de un ideal, mejillas humedecidas.
El mundo que las aguarda está hecho de convenciones que preservan la estabilidad, de inofensivas mentiras piadosas que, acumuladas y organizadas, construyen verdades, útiles para la perpetuación de la vida social.
Las mujeres de quienes hablo irrumpen con sus vidas excepcionales y generosas, guiadas por una voluntad de descubrimiento y existencia propia, y despojan de certezas a los seguros y autosuficientes.
El mundo que tienen ante ellas tiene también riqueza y bondad, y los demás no tienen que ser los enemigos; a lo sumo, son otros con quienes se pacta, se disputa, se convive, y ante quienes no se claudica.
Se han preguntado estas mujeres si vale más la quietud que la aventura, si duele menos ignorancia que verdad, si precautelarse alivia, si la realidad es una cárcel cómoda en la que hay que guardarse. Radicales como son, toman los riesgos. El dolor y la alegría de vivir les otorgan sabiduría, poder y conciencia de la propia valía y hermosura.
Hora GMT: 10/Marzo/2009 - 05:07

10/Marzo/2009 a las 06:48
Quisiera leer también sobre un desnudo masculino. Muy bello al artículo pero seamos equitativas y también hablemos sobre la sensibilidad masculina, sin que esto afecte la nuestra. Hablemos también del hombre bello, el protector, el compañero, el amante, el amigo, el trabajador.
Me da tristeza que cada 8 de marzo y vísperas... se hable solo de la mujer. Vivimos otra época con nuevos planteamientos, no nos quedemos con fijaciones conmemorativas.
10/Marzo/2009 a las 07:58
Qué artículo tan bello! Es una flor que adorna y honra este diario.
Felicitaciones a Cecilia Velasco
10/Marzo/2009 a las 10:54
Muy agradable el artículo sobre ese ser mágico y eterno, como la vida misma, como el amor sincero. A tí mujer de a pie, que entregas todo sin grandes esperanzas de recompensas, que te aventuras en insondables mundos desconocidos al mostrarte a ti misma tu belleza íntima, tus privadas sorpresas, tu libertad por explorar y por desahogar tu magia, sigue adelante que los límites solo tú los pones, así como el amor que entregas. Quietos y pensativos nos mantendremos a la espera de tu realización, que es solo tuya, porque eres mujer.
Escúchate solo a tí, tú eres tu universo, eres dueña de tí mismo y de tu realización. Desecha paradigmas y encasillamientos, eres ese pájaro libre de libre vuelo que se desplazará por las atmósferas en que a gusto se encuentre, se mujer.
10/Marzo/2009 a las 17:58
EXCELENTE ARTICULO.
Este tipo de articulos enriquece los editoriales de este diario.