He leído y escuchado durante la última semana a los creadores de opinión bien informados, aquellos que me merecen la mayor credibilidad. Me duele decirlo: hay unanimidad en la crítica al texto que se ha elaborado en Montecristi y que se nos presentará para aprobar o negar, dentro de pocas semanas, como la Constitución del Ecuador.
Puede que haya sorpresas respecto al texto final. Tal vez esté bastante mejorado. Hay conjeturas de que aparezcan modificaciones en algunos de los 444 artículos, sobre todo después de algunas de las descalificaciones del Presidente. Todo es posible cuando hay la voluntad de escribir una Constitución que dure más que el régimen, aspiración que compartimos.
El resto es una dolorosa constatación. Estamos ante un texto cuyos temas axiales no han sido debatidos a nivel de una ciudadanía interesada y capaz. Aunque fuera prometido en campaña, no se ha hecho. Se ha redactado, discutido y votado, con ayuda de asesores, en las diversas mesas. Y, generalmente, las opiniones de la mayoría se han impuesto. Es la visión de una parte, de un partido. Lamentablemente, poco se ha escuchado a las minorías. También ha habido sugerencias y numerosas presiones externas. Aunque, afortunadamente, algunas no llegaron a Montecristi.
La lejanía nos ha permitido ignorar ciertas presencias extra asambleístas, tal vez emisarios, que han sido eficaces a la hora de aprobar ciertos temas álgidos. Si ha existido "infiltrados" con agendas ocultas, tampoco los hemos podido detectar fácilmente, sobre todo en el último período, cuando se han presentado propuestas sin tiempo para leer y debatir los asuntos antes de la votación. La dimisión, o dejar paso a otro, del economista Acosta, merecerá de los historiadores ácidos comentarios. Y supongo que se sabrá más de lo que hoy se conoce. El poder soberano ha sido una coral barroca: los solos de los grandes tenores merecen relieve y toda atención, porque luego el canto viene a ser un eco ampliado. Y siempre bajo un mismo director.
El golpe de efecto exterior, el caso Isaías, dado con calculada oportunidad, no ha disminuido las críticas a la prensa y a un debate no concluido: la libertad de pensamiento, opinión y publicación. ¿Por qué no contrastarlo con las constituciones de los países que han logrado equilibrar tema tan fundamental? Pero el partido del "Sí" tiene ahora muchos más medios de comunicación ¿cuántos?- para influir sobre la ciudadanía poco crítica. Cuando esto se publique ya circulará gratuito el texto oficial. Esperemos que la justicia, la defensa de la vida y el bien común que busca toda Constitución, tenga una letra legible.
Hora GMT: 28/Julio/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Federico María Sanfelíu
