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Descanse en paz

Publicado el 24/Noviembre/2008 | 00:07

Por Francisco Rosales Ramos

Ojalá la Comunidad Andina de Naciones (CAN) rompa el maleficio consistente en que los organismos internacionales nacen, crecen y se reproducen, pero no mueren. Y efectivamente termine su vida, tranquila y dignamente. Cumplió una etapa, creo que al menos en los primeros 15 ó 20 años con bastante éxito, pero no sería justo que se convierta en un zombi que deambula por los pasillos internacionales, sin propósito alguno.

La fugaz reunión presidencial, que tuvo lugar en Guayaquil el 14 de octubre, es muestra del deterioro del proceso. Asistieron los jefes de Estado del Ecuador, Perú y Bolivia y un delegado especial del presidente de Colombia, el viceministro (sic) de Comercio Exterior, señor Eduardo Muñoz. No hay precedentes de que un funcionario de tercer nivel asista a una cumbre. La reunión duró apenas tres horas, se suspendió la cita de cancilleres prevista para el día siguiente y hasta el coctel se canceló.

El presidente de la República Bolivariana de Venezuela disparó el primer torpedo bajo la línea de flotación del Pacto Andino, cuando resolvió retirar a su país del acuerdo. Difícil de entender en quien proclama ser heredero de los ideales integracionistas de Bolívar, pero es la realidad. Bolivia –como se ha dicho repetidas veces– nunca fue un miembro efectivo de la CAN, pues permaneció al margen de los compromisos del arancel externo, ha jugado siempre con el Mercosur, y la suya ha sido una política obstruccionista a la consolidación del Acuerdo. Perú y Colombia, cuando convinieron en el TLC con los Estados Unidos, perforaron instituciones comunitarias fundamentales, en materia comercial, de propiedad intelectual, compras estatales y solución de controversias.

Sorprende también la información que se hizo pública a raíz de la reunión de Guayaquil, de invitar a Chile a integrarse a la CAN como miembro de pleno derecho. En primer lugar, como se recordará, Chile fue fundador del entonces Acuerdo de Cartagena, pero se retiró hace más de 20 años porque consideró que algunas normas andinas, como arancel externo, tratamiento a la inversión extranjera, entre otras, eran incompatibles con su filosofía de libre mercado. De esa parte acá, Chile ha profundizado sus políticas de apertura. Ha celebrado tratados de libre comercio con gran número de países de América, Europa y Asia. Por tanto se torna jurídica y materialmente imposible que Chile pudiese acatar las normas andinas que regulan materias similares a las de sus tratados de comercio. Y, por último, ¿que interés puede tener Chile en incorporarse a un organismo agónico? El tiro de gracia ha sido la incapacidad de la CAN para negociar como bloque con la Unión Europea, con la obvia reacción de la UE de mantener tratativas bilaterales con Colombia y Perú. Hay que recordar que los organismos internacionales no tienen voluntad propia. Son lo que sus Estados miembros deciden que sean.

rosales@hoy.com.ec

Hora GMT: 24/Noviembre/2008 - 05:07

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