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Desarmar la palabra

Publicado el 05/Diciembre/2009 | 00:04

Por Consuelo Albornoz Tinajero


cat@hoy.com.ec

Una bomba explotó en las instalaciones de Teleamazonas. Un grupo de policías intentó aprehender a un ciudadano por exhibir un letrero en la plaza de toros de Quito. Estamos a fines de 2009, y estos hechos me recuerdan la serie de atentados que ocurrieron entre enero de 2004 y marzo de 2005, y los peores momentos del febrescorderato o del bucaramato, en su orden.

A inicios de 2004, el dirigente indígena Leonidas Iza fue victima de un intento de asesinato, cometido en las puertas de la Conaie. Un año después, el ex vicepresidente León Roldós sufrió una golpiza en las instalaciones de la Universidad Central al concluir un acto académico en el cual participó. Pocos meses más tarde, en marzo de 2005, el entonces diputado Enrique Ayala y la gobernadora de Esmeraldas fueron víctimas de sendos atentados.

Recuerdo que, frente a esos incidentes, las voces de protesta fueron abundantes. La Cedhu rechazó el "uso del terror y de aberrantes prácticas violatorias de la dignidad humana y los derechos de las personas". También la Asamblea Permanente de Derechos Humanos (APDH del Ecuador) y la Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo (PIDDHH) protestaron por la violencia que parecía entronizarse en el Ecuador y rechazaron los ataques contra varios periodistas, uno de ellos, Jorge Ortiz. Aún se puede encontrar en una página web de Llacta tal proclama. Pero ahora, en diciembre de 2009, leo algunos comentarios a la información de la bomba en Teleamazonas y me encuentro con expresiones sin sentido, como de calificar el ataque como un autoatentado de las "oligarquías" y de las "burguesías" temerosas de perder poder. El clima de beligerancia que está fragmentando y polarizando al Ecuador no se compadece ni con el clima festivo por el aniversario de Quito, peor con la cercanía de las navidades y del inicio del nuevo año.

Hace muy pocos días, fue asesinado un medico quiteño, a pasos de su domicilio y a una hora relativamente temprana. Y este es apenas un ejemplo de la extrema intolerancia que se está sedimentando en el país. Porque la máxima expresión de intolerancia es la pretensión de eliminar a un ser humano. Pero que el atentado contra Teleamazonas no haya conseguido matar a ninguno de sus funcionarios no le resta perversidad en modo alguno. En momentos como estos, me parece necesario recordar la iniciativa de varios periodistas colombianos agrupados en la organización Medios para la Paz. Uno de sus principios fue el de "desarmar el lenguaje", en el entendido de que la palabra crea mundos y de que un uso beligerante de ella contribuye a sentar las bases materiales para la violencia y la guerra.

Hora GMT: 05/Diciembre/2009 - 05:04

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